miércoles, abril 11, 2012
lunes, marzo 05, 2012
miércoles, enero 18, 2012
Poemas para tres cuadros de la serie Migrantes de María Fernanda Rege
lunes, diciembre 12, 2011
Nota y agradecimientos (La alegría de un sábado con amigos)
domingo, noviembre 13, 2011
martes, noviembre 01, 2011
Cotidianas
Amo esas pequeñas
cosas cotidianas
donde no se sabe qué va a saltar
ni en qué lugar ni cómo. A veces
es un sonido o tan sólo una
palabra. Otras un reflejo. Ese
instante de confusión que nos entrega
alguna cosa reflejada en un vidrio.
Esa cosa no está ahí. Es algo que pasa.
La vida es algo que pasa. Amo
cuando unos perros juegan a pelearse
en la calle. Asistir al encuentro
de dos personas que no se ven
desde hace mucho. Hoy vi en una vereda
de la avenida Juan B Justo una fila
de árboles. Todos reverdecidos
menos uno. Uno del medio de la fila
estaba muerto. Tuve la sensación de que
los demás disimulaban su muerte, que hacían
lo imposible por sumarlo a su festejo de ramas
florecidas. Quise correr y abrazar
a ese árbol. Amo esas pequeñas cosas
cotidianas. De todos modos siempre amo.
domingo, septiembre 25, 2011
Juan Gelman
lunes, julio 11, 2011
La jirafita
donde la gente dona toda clase de objetos
que pertenecieron a sus antiguas parejas
y que se exhiben en torno al concepto
de relaciones frustradas y sus ruinas, según explica
el anuncio, encontré aquella jirafita que te regalé.
La encontré con una pequeña nota, una tarjeta
doblada en dos atravesada por un cordón dorado
que colgaba del cuello. En esas tres líneas
de despedida pude reconocer tu letra.
Lo que no pude –y dudo de que pueda algún día–
es adivinar quién diablos es Javier.
lunes, mayo 30, 2011
invierno
amor
las horas heladas no podrán con
tu voz
mi tos te mantendrá despierta
saldré al jardín y traeré
laurel
esperaremos junto al horno
destaparé una cerveza
serviré dos vasos
taparé mal la botella como es mi
costumbre
y cuando la tapita salte por el aire
diré que todo es amor
como el frío
esa carne que se dora
el insomnio
tantas cosas como
planchar
y mi camisa sudada abrazada al
perchero
y el laurel que llena de guirnaldas
la cocina
domingo, mayo 15, 2011
A la salida del jardín
La salida es por un portón lateral y cuando llego
ya hay varios padres esperando. Al rato,
la señorita maestra abre el portón y les pide
a los alumnos que se apuren. Enseguida alcanzo a ver
a Agustina entre tantos guardapolvos celestes
que se agolpan en medio de un bullicio.
Cuando al fin sale y la tomo de la mano, Agustina
se detiene en los pies de la señorita que marcan el paso
dando golpes impacientes con las puntas, y con un claro
gesto de asombro en sus ojos, me dice:
-Papa: esa señorita tiene los zapatos enojados.
lunes, abril 11, 2011
Piratería (escena de cuando Agustina era chiquita)
con Agustina, un video que alquilamos.
Al principio pasan unos avances
y algo de publicidad. Después alertan
sobre la piratería y Agustina se echa a reír.
–¿De qué te reís? –le pregunto.
–De “piratería”.
–¿Qué significa, para vos, la palabra piratería?
–Una negocio donde se venden piratas, papá.
viernes, marzo 25, 2011
Hoy
Patricia y Camilo
Patriciadomingo, marzo 13, 2011
El pozo
de unos cuatro metros de profundidad
y bastante ancho, cavado en el terreno
de una obra en construcción.
No recuerdo cómo fue que caí.
Sólo sé que en el fondo había un charco de agua oscura
y que podía distinguir en las paredes
las distintas capas y el humus
que me habían enseñado con gráficos en la escuela.
Desde ahí abajo podía ver el cielo de la tarde
como desde el fondo de una botella.
Recuerdo la sensación de estar viviendo una aventura,
esas cosquillas que sólo sentimos ante un peligro
que íntimamente creemos poder superar.
Después mis amigos llamaron a mi padre
quien con la ayuda de una soga
me rescató de aquel pozo donde yo estaba a salvo.
domingo, febrero 20, 2011
Lo que es
y que ese auto es simplemente un auto.
Que si digo que hay agua sucia en esa cuneta
es porque hay agua sucia en esa cuneta.
Que si ese hombre camina preocupado (del modo
en que un hombre camina preocupado por sus asuntos
y que mentalmente echa mano a sus cosas diarias,
resolviendo) es porque lo veo preocupado.
Y también digo –se me antoja muchísimo-
que ese perro es un perro y nada más que un perro,
con todas las posibilidades de serlo.
Y así la casa de la vieja que barre todos los días a las 6.
Y el colectivo que acaba de frenar en la parada.
Y el policía que actúa como un policía.
Y el gorrión que hace de gorrión sobre el cable de la luz.
¿De dónde me viene esta necesidad de ser concreto,
de matar cualquier artificio poético, esta cosa
de sentir hoy que toda palabra que acompañe al sustantivo
es un aditamento impuro, fútil e impropio?
Todo luce su justa y precaria realidad bajo los rayos del sol.
Todo es tan irreal sin embargo al cerrar los ojos.
Y al abrirlos esa sensación de irrealidad
cobra un nuevo destello. Podría permitirme decir
que esta calle es un circo de dudas, un templo de lo endeble,
de lo frágil, llena de sentidos que no van a ninguna parte.
Pero esta calle sólo es una calle.
Una calle como cualquier otra. Una calle donde
la única metáfora parezco ser yo, pero no sé de qué cosa.
domingo, enero 23, 2011
En la azotea
esparcida en unos papeles vencidos
que se llevará el viento. He subido
a la azotea y quitado el sobre verde.
Noto que ya no hay antenas de tv, como
antes, donde poder crucificarse.
Pero sí hay un tendedero de lado a lado
con algunas prendas secas.
Me detengo en un corpiño negro.
Y pienso largo rato frente a él.
La ausencia de tetas es una tendencia
que veo repetirse en mi vida durante estos
últimos tiempos.
miércoles, diciembre 22, 2010
Ahí va el diez
cruzando Larrazábal por Juan Bautista Alberdi
de la mano de su madre.
En sus pensamientos, va,
torpe y bello bajo el sol de diciembre.
La camiseta flamante de la selección, la de Messi,
bien calzada y ganando la avenida,
un pantalón capri azul y zapatillas blancas.
Y a mí me dan ganas de que los autos suelten trompetas,
de que los árboles aplaudan, que cada quien salte y grite
en su tribuna imaginaria.
¿No me verán mis muertos trinar de amor en esta calle,
en esta tarde dulce donde todo merece ser amado?
Ahí sigue el diez caminando como puede,
con todo el sol de diciembre en los hombros.
Qué lindo sería tirarle un centro
y que él se vuelva pájaro de un salto.
Su madre lo sujeta como para que no se vuele.
Su madre tiene las arrugas más buenas que se pueden tener,
y seguro es campeona en lo suyo.
Me dan ganas de llorar con mi camiseta
del Beto Alonso anudada al cuello.
Llorar hasta agotar mi rabia.
Si el síndrome de Down fuera una pelota,
yo la patearía bien fuerte y lejos, muy lejos,
como para hacerle a Dios un gol de emboquillada.
domingo, diciembre 05, 2010
Paisaje
En la esquina me recibe un perro negro
como yo, al que han dejado afuera.
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La casa tiene un portón azul
como yo y un camino de malvones
hasta la puerta casi de piedra.
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Después se extiende una larga fila de casas
hasta la otra esquina, todas desiguales,
donde se destaca un pino como yo
y un camión de mudanza.
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Hay una señora como yo
vendiendo alfileres, agujas e hilo de coser
de puerta en puerta.
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Un vecino como yo sale con su diario,
su cartera lista. Saluda a sus hijos
que son como yo y se va apurando el paso.
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En los adoquines como yo,
se presiente una lluvia y el águila de una sombra
de plátano acaricia la vereda.
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La vereda es verde como yo
y despareja en su conjunto de árboles
de raíces descubiertas y huesudas como las manos
de un anciano.
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La vereda es tranquila y hermosa a las nueve.
La mañana es dulce en las manos.
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Un hombre como yo empuja su carro.
Se detiene en el basural de la vereda de enfrente
donde encuentra un viejo motor como yo
que bien podría ser de un lavarropas.
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Una pareja como yo desciende de un auto
frente a la casa que se alquila. Se besan en el
umbral y después ella busca una llave que tiene él
y que esconde tras su espalda.
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Detrás del edificio del correo y arriba,
se alzan nubes como yo que urden la próxima tormenta.
La brisa arremolina un papel de propaganda.
El perro negro raspa los barrotes del portón.
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La calle se vuelve gris como yo.
Nubes negras encadenadas como montañas boca abajo.
Más allá, bien arriba, parece verse a la muerte
en el puño de un dios. La muerte y la tormenta
en un mismo anuncio irrevocable.
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Pasa una mujer embarazada y su hijo tomados de la mano.
El chico carga una pelota como yo.
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Pasa un hombre en bicicleta que tiene una boina como yo.
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Todos se alejan.
.
Desde la esquina observo la calle. La perspectiva
me entrega árboles que se anudan por el viento,
y se persignan ante los adoquines que se dejan arrullar
por las ramas.
.
Ya no hay nadie en esta calle.
Y cuando el viento pare, empezará a llover una lluvia
como yo y cambiará el paisaje. Será una sola aguada,
un solo sonido extenso y fresco. Y todo brillará
y lucirá como recién creado.
.
En medio de la lluvia, seré yo completamente yo.
Esta calle, los árboles. Todas las cosas bajo un cielo
de ramas y hojas temblorosas.
Todas las cosas en una sola alma toda mía.
Leído por Alicia Pastore en este enlace









