.
No había nadie en la rosa.
También llamé al martes
y resultó ser un sarcófago de antiguas avestruces:
se engullen todo lo que pienso y digo.
Tampoco nada en las cosas.
Sólo yo con la mueca de alguien.
Como besado por la muerte.
Maldigo este espejo multiplicado.
Eslogan demencial. Crucifixión baldía.
Sueño de un idiota que me regurgita
después de haberme comido sin ganas, sin hambre,
sin pena ni gloria.
Hartazgo.
Me instalo en verdes agonías.
Rodar como un frasco vacío y después contemplarme
en un ciprés.
Nada en las cosas. Nada.
Las avestruces han acabado ya
con la rosa que yo golpeaba para que salga alguien.
Ahora tengo los nudillos del color de los santos.
En el chorrito de la fuente de aquella plaza
yo bailaba dulce tocado por su destino.
sábado, agosto 01, 2009
sábado, julio 18, 2009
Hoy, aforismos
Llegar a una Grecia abúlica, inactiva, muerta en las calles, donde todo griego permanezca nada más que ocupado en conocerse a sí mismo.
.
Si uno es abogado en Argentina puede llegar a ser presidente. Después es un proceso natural pasar del sillón de Rivadavia al banquillo de los acusados.
.
Un catálogo de lápidas con sus epitafios para elegir y poder confeccionar nuestras tarjetas de invitación.
.
Cambiar el mundo es algo que a las empresas no les interesa. Todos soñamos con un mundo mejor suena como un eslogan de una de ellas. El mundo está cambiando es otra linda frase. Me figuro el estallido del mundo esponsoreado por empresas con sede en otros planetas.
.
Esa manía de convertirnos en gusanos que tienen las bolsas de dormir.
.
Un poema malogrado que nos mire tuerto, caído de hombros, andrajoso, y que nos reproche el terrible hecho de haberlo escrito.
.
Las mortajas son mucho más cómodas que los trajes de comunión.
.
Sacar un conejo de una galera es arte de magos. Sacar uno de una olla es arte de cocineros. Los conejos siempre estuvieron destinados al arte.
.
.
.
El miércoles 22 de julio a las 21:00 leerán aforismos míos por radio.
El programa es Luna de pájaros y lo conducen Liliana Chávez y Darío Leiva
y va por FM Radio Vital de Córdoba. Para escuchar por internet: www.fmvital.com.ar
Y el blog de Luna de pájaros es este: http://lunadepajaritos.blogspot.com/
domingo, julio 12, 2009
Con la boca llena
No se habla con la boca llena, me dijo
pero yo tenía la boca llena de palabras.
-¿Con qué se habla sino?, le pregunté con las manos
que tenían la boca llena de palabras.
pero yo tenía la boca llena de palabras.
-¿Con qué se habla sino?, le pregunté con las manos
que tenían la boca llena de palabras.
sábado, julio 04, 2009
Barbijos (recreación del capítulo 7 de Rayuela de Julio Cortázar)
Toco tu barbijo, con un dedo toco un borde de tu barbijo, voy dibujándolo como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu barbijo se bajara, y me basta cerrar los ojos para que no entre un virus y recomenzar, hago nacer cada vez el barbijo que deseo, el barbijo que mi mano elige y te cose a la cara, un barbijo elegido entre todos, con minuciosa pulcritud elegido por mí para dibujarlo con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu barbijo que sonríe blanco por debajo del que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más cerca y sin peligro y entonces jugamos al doctor, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, las pupilas se dilatan y no es síntoma de nada, se acercan entre sí nuestros ojos, se superponen y los doctores se miran, respirando confundidos, los barbijos se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose la tela, rozándose, apoyando apenas los labios en la tela, jugando con el aliento que se expande por las paredes del barbijo, un aire pesado va y viene con su olor a asepsia y a trapo limpio, nuevo y silencioso. Entonces mis manos frotadas en alcohol buscan hundirse en tu pelo recién enjuagado, tu pelo sin liendres, acariciar sin miedo la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de goma espuma, llena de gasa, llena de estropajo, de pasillos de hospital, de sala de espera del dentista. Y si nos mordemos no pasa nada, y si nos ahogamos de tanto absorber el propio aliento y se nos nubla la vista y se nos humedecen las mejillas, esa densa muerte es bella, es muerte pero limpia, libre de virus y bacterias. Y hay una sola tela y un solo sabor a pañuelo lavado y yo te siento palpitar contra mí como una canoa cubierta por una lona.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más cerca y sin peligro y entonces jugamos al doctor, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, las pupilas se dilatan y no es síntoma de nada, se acercan entre sí nuestros ojos, se superponen y los doctores se miran, respirando confundidos, los barbijos se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose la tela, rozándose, apoyando apenas los labios en la tela, jugando con el aliento que se expande por las paredes del barbijo, un aire pesado va y viene con su olor a asepsia y a trapo limpio, nuevo y silencioso. Entonces mis manos frotadas en alcohol buscan hundirse en tu pelo recién enjuagado, tu pelo sin liendres, acariciar sin miedo la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de goma espuma, llena de gasa, llena de estropajo, de pasillos de hospital, de sala de espera del dentista. Y si nos mordemos no pasa nada, y si nos ahogamos de tanto absorber el propio aliento y se nos nubla la vista y se nos humedecen las mejillas, esa densa muerte es bella, es muerte pero limpia, libre de virus y bacterias. Y hay una sola tela y un solo sabor a pañuelo lavado y yo te siento palpitar contra mí como una canoa cubierta por una lona.
.
.
Links:
domingo, junio 28, 2009
En el centro del poema
En el centro del poema
hay un árbol, una fuente,
un girasol y una nube.
Del árbol no crecen violines:
están anunciados
en la boca de la fuente.
La fuente no da cántaros:
se los adivina en parpadeos
del girasol.
El girasol no lleva astros:
están anotados en las cartas
de navidad que guardan
los bolsillos de la nube.
En la nube hay un ser principal:
aún no se sabe quién, qué cosa es.
En el centro del poema
se dan la mano las cosas que no están.
hay un árbol, una fuente,
un girasol y una nube.
Del árbol no crecen violines:
están anunciados
en la boca de la fuente.
La fuente no da cántaros:
se los adivina en parpadeos
del girasol.
El girasol no lleva astros:
están anotados en las cartas
de navidad que guardan
los bolsillos de la nube.
En la nube hay un ser principal:
aún no se sabe quién, qué cosa es.
En el centro del poema
se dan la mano las cosas que no están.
sábado, junio 20, 2009
Gran danés con espejo
De pie
sobre domésticas ruinas,
procurándose un lugar
entre el florero chino, la repisa
con adornos desiguales y el cuadro
con la batalla al revés,
el gran danés dibuja un globo de vapor
en el espejo. La huella del hocico
como un cairel flotante. Se mira.
Intuye alguna cosa.
Parece descubrir que también así
dos son compañía.
sobre domésticas ruinas,
procurándose un lugar
entre el florero chino, la repisa
con adornos desiguales y el cuadro
con la batalla al revés,
el gran danés dibuja un globo de vapor
en el espejo. La huella del hocico
como un cairel flotante. Se mira.
Intuye alguna cosa.
Parece descubrir que también así
dos son compañía.
lunes, junio 15, 2009
Por confusión
Entré en la cocina
y ahí estaba esperándome la poesía:
confundí el cocimiento de unas remolachas
con veneno en polvo para hormigas.
y ahí estaba esperándome la poesía:
confundí el cocimiento de unas remolachas
con veneno en polvo para hormigas.
viernes, junio 05, 2009
Simetría en la playa
Las nubes.
El pochoclo flotando
en la caja de vidrio del carrito.
El blanco caniche toy.
El pochoclo flotando
en la caja de vidrio del carrito.
El blanco caniche toy.
jueves, mayo 28, 2009
El día menos pensado
El día menos pensado
la libertad brotará hasta por las tumbas de lo incierto
las estructuras bailarán sobre sus patas de miga
las certezas enseñarán su reverso helado
cantarán de alivio las varices de lo aprendido
se mojarán de urgencia las excusas
brillarán de espuma el deseo y todo lo que ha costado ser memoria:
rezarán las sombras!
rezarán las sombras!
implorarán los uniformes, los formales
se morirá de paz el miedo
se alcanzará el amor como la flor blanca que arrancamos de un naranjo
será el día más sentido
y cada cual llevará puesta su estrella particular
su sol encendido
su porción de cielo en las mangas del alma
la verdad será respirar el aire puro:
la boca del mar
poros de las montañas
cantarán los campos su cigarra en punto
su espiga azul de vientos y de lluvias
el pan será una mano y otra mano y otra
y nos miraremos a los ojos con la alegría del querer cumplido
ese día será el día
y echará a rodar como una perla como una brizna de polen
como el primer latido
el día menos pensado será el más sentido
el más pensado de sentir a corazón multiplicado
el día menos pensado: ese alud hacia arriba
el día que nadie jamás se ha puesto a pensar.
Ver más aquí
y aquí
Gracias, Analía!
Gracias, Adal!
la libertad brotará hasta por las tumbas de lo incierto
las estructuras bailarán sobre sus patas de miga
las certezas enseñarán su reverso helado
cantarán de alivio las varices de lo aprendido
se mojarán de urgencia las excusas
brillarán de espuma el deseo y todo lo que ha costado ser memoria:
rezarán las sombras!
rezarán las sombras!
implorarán los uniformes, los formales
se morirá de paz el miedo
se alcanzará el amor como la flor blanca que arrancamos de un naranjo
será el día más sentido
y cada cual llevará puesta su estrella particular
su sol encendido
su porción de cielo en las mangas del alma
la verdad será respirar el aire puro:
la boca del mar
poros de las montañas
cantarán los campos su cigarra en punto
su espiga azul de vientos y de lluvias
el pan será una mano y otra mano y otra
y nos miraremos a los ojos con la alegría del querer cumplido
ese día será el día
y echará a rodar como una perla como una brizna de polen
como el primer latido
el día menos pensado será el más sentido
el más pensado de sentir a corazón multiplicado
el día menos pensado: ese alud hacia arriba
el día que nadie jamás se ha puesto a pensar.
Ver más aquí
y aquí
Gracias, Analía!
Gracias, Adal!
sábado, mayo 23, 2009
Un libro
Un libro sin tapas, sin lomo, sin páginas, sin palabras.
Un libro que pueda leer quien quiera leer.
Un libro que quiera escribir quien quiera escribir.
Un libro con todas las posibilidades de ser libro
y con todas las posibilidades de ser otras cosas en el libro
y fuera de él.
Un libro que celebre la inutilidad,
que es como celebrar la felicidad, y todo bello arte.
Un libro del que sea inútil sustraerse.
Un libro cuya presencia en el aire
la inaugure -por ejemplo- una chispa de polen,
y su ausencia la determine acaso un ladrido lejano.
Un libro que no sea.
Y que por momentos no sea más que un libro.
Este poema nació como comentario a un post de Cruzagramas:
http://cruzagramas.com.ar/2009/04/libros-por-luis-britto-garcia.html
Gracias, Sebastián Barrasa!
Un libro que pueda leer quien quiera leer.
Un libro que quiera escribir quien quiera escribir.
Un libro con todas las posibilidades de ser libro
y con todas las posibilidades de ser otras cosas en el libro
y fuera de él.
Un libro que celebre la inutilidad,
que es como celebrar la felicidad, y todo bello arte.
Un libro del que sea inútil sustraerse.
Un libro cuya presencia en el aire
la inaugure -por ejemplo- una chispa de polen,
y su ausencia la determine acaso un ladrido lejano.
Un libro que no sea.
Y que por momentos no sea más que un libro.
Este poema nació como comentario a un post de Cruzagramas:
http://cruzagramas.com.ar/2009/04/libros-por-luis-britto-garcia.html
Gracias, Sebastián Barrasa!
sábado, mayo 16, 2009
Su juguete preferido y post
Soy su juguete preferido
me peina
me retoca los pómulos
me abre los brazos
me los cierra
me sienta a su mesa
donde hay unos cacharros
un set de belleza
un viejo poni sin un ojo
y de pronto me pone de pie
me da vuelta
me baja los pantalones
toma una batería de 6 volts
y me dice no temas no temas
es para que hables
para que cantes
Algunas fotos del encuentro "Reunión de voces 2009", que organizó el Grupo Pretextos. Tuvo lugar en la Sadem del 30 de abril al 3 de mayo. Fue un festival de poesía maravilloso.
Parte del Grupo Pretextos con Gustavo Tisocco. ( Alicia Cora Fernández, Bibi Albert, María Laura Coppié y Alicia Márquez)
Aquí Gustavo con las Pretextas que faltaban en la foto anterior: Gabriela Delgado y Mariana Toniolo. Gracias, Gustavo, por las fotos!
me peina
me retoca los pómulos
me abre los brazos
me los cierra
me sienta a su mesa
donde hay unos cacharros
un set de belleza
un viejo poni sin un ojo
y de pronto me pone de pie
me da vuelta
me baja los pantalones
toma una batería de 6 volts
y me dice no temas no temas
es para que hables
para que cantes
Algunas fotos del encuentro "Reunión de voces 2009", que organizó el Grupo Pretextos. Tuvo lugar en la Sadem del 30 de abril al 3 de mayo. Fue un festival de poesía maravilloso.
Parte del Grupo Pretextos con Gustavo Tisocco. ( Alicia Cora Fernández, Bibi Albert, María Laura Coppié y Alicia Márquez)
Aquí Gustavo con las Pretextas que faltaban en la foto anterior: Gabriela Delgado y Mariana Toniolo. Gracias, Gustavo, por las fotos!viernes, mayo 08, 2009
La Tristeza y la Ternura
Andaban la Tristeza y la Ternura
jugando una rayuela en mi cuarto.
Salí de mí, roca impura
le grité a la Tristeza
que abandonó la casilla 9
y se olvidó un pañuelo lleno de rostros.
En cambio la Ternura
buscó una almohada donde hundir su cabeza
y se hizo pis en mi cama.
Ver Aquí la maravilla que me dedicó Gustavo Tisocco en uno de sus blogs.
jugando una rayuela en mi cuarto.
Salí de mí, roca impura
le grité a la Tristeza
que abandonó la casilla 9
y se olvidó un pañuelo lleno de rostros.
En cambio la Ternura
buscó una almohada donde hundir su cabeza
y se hizo pis en mi cama.
Ver Aquí la maravilla que me dedicó Gustavo Tisocco en uno de sus blogs.
viernes, mayo 01, 2009
Hombre rezando
Un hombre reza en un baldío.
Manos juntas al cielo.
Lágrimas de óleo y reguero después.
Los árboles con infinitos rostros.
O demonios. Cenizas de un fuego cuyo humo
repele a los mosquitos y asemeja un incienso
que se vuelve danza azul, plegaria lenta, triste,
a los pies del hombre.
Un hombre baldío llora fuego.
Su humo de plegaria
son manos juntas de óleo, de cenizas.
Un hombre es infinitos rostros, infinito humo,
infinito cielo. Los mosquitos son lágrimas de incienso.
Parecen lentos, tristes, parecen pies.
Los demonios del hombre rezan.
Todos los árboles azules danzan.
Aviso:
El día Jueves 7 de mayo a las 18 estaré firmando ejemplares en la Feria del Libro; en el Stand 823, de Editorial Dunken.
Ver aquí
La poesía en Cruzagramas
Un regalo muy lindo que me hicieron al postear la primera versión.
Gracias, Sebastián Barrasa, Gracias a todos!
Manos juntas al cielo.
Lágrimas de óleo y reguero después.
Los árboles con infinitos rostros.
O demonios. Cenizas de un fuego cuyo humo
repele a los mosquitos y asemeja un incienso
que se vuelve danza azul, plegaria lenta, triste,
a los pies del hombre.
Un hombre baldío llora fuego.
Su humo de plegaria
son manos juntas de óleo, de cenizas.
Un hombre es infinitos rostros, infinito humo,
infinito cielo. Los mosquitos son lágrimas de incienso.
Parecen lentos, tristes, parecen pies.
Los demonios del hombre rezan.
Todos los árboles azules danzan.
Aviso:
El día Jueves 7 de mayo a las 18 estaré firmando ejemplares en la Feria del Libro; en el Stand 823, de Editorial Dunken.
Ver aquí
La poesía en Cruzagramas
Un regalo muy lindo que me hicieron al postear la primera versión.
Gracias, Sebastián Barrasa, Gracias a todos!
sábado, abril 25, 2009
La poesía (En tres versiones. Sólo cambia el final)
La poesía
la poesía debe ser esto
la poesía debe ser aquello
la poesía debe ser esto y aquello
la poesía debe tener y debe hacer
la poesía jamás debería
la poesía jamás debería ser tal y tal cosa
la poesía no debería ser tal otra
la poesía no puede estar al
la poesía no requiere de
la poesía siempre debe ser una forma de
la poesía como una manifestación de
la POESIA con mayúsculas y no la poesía que
la poesía, la poesía bien entendida, prescinde de
la poesía como tal es y debe ser un modo de
la poesía no es para
la poesía en general
la poesía en particular
la poesía contiene una
la poesía como mensaje para las
la poesía o lo que entendemos por poesía
la poesía requiere, y es fundamental señalar que
la poesía la poesía la poesía la
mientras tanto la poesía
suelta de cuerpo
ebria de sol
se ríe en una calle cualquiera
por donde pasa un señor muy enojado que se pregunta
quién fue el depravado que le ha tocado el culo
La poesía
la poesía debe ser esto
la poesía debe ser aquello
la poesía debe ser esto y aquello
la poesía debe tener y debe hacer
la poesía jamás debería
la poesía jamás debería ser tal y tal cosa
la poesía no debería ser tal otra
la poesía no puede estar al
la poesía no requiere de
la poesía siempre debe ser una forma de
la poesía como una manifestación de
la POESIA con mayúsculas y no la poesía que
la poesía, la poesía bien entendida, prescinde de
la poesía como tal es y debe ser un modo de
la poesía no es para
la poesía en general
la poesía en particular
la poesía contiene una
la poesía como mensaje para las
la poesía o lo que entendemos por poesía
la poesía requiere, y es fundamental señalar que
la poesía la poesía la poesía la
Mientras tanto la poesía es.
La poesía siempre es.
La poesía siempre es otra cosa.
La poesía
la poesía debe ser esto
la poesía debe ser aquello
la poesía debe ser esto y aquello
la poesía debe tener y debe hacer
la poesía jamás debería
la poesía jamás debería ser tal y tal cosa
la poesía no debería ser tal otra
la poesía no puede estar al
la poesía no requiere de
la poesía siempre debe ser una forma de
la poesía como una manifestación de
la POESIA con mayúsculas y no la poesía que
la poesía, la poesía bien entendida, prescinde de
la poesía como tal es y debe ser un modo de
la poesía no es para
la poesía en general
la poesía en particular
la poesía contiene una
la poesía como mensaje para las
la poesía o lo que entendemos por poesía
la poesía requiere, y es fundamental señalar que
la poesía la poesía la poesía la
Cuando el orador terminó su discurso,
un aire de siesta envolvía toda la sala.
Los libros parecían desplomarse en los estantes.
Una mitad de la concurrencia permanecía dormida,
la otra mitad soñaba con no estar allí.
Aviso:
El día Jueves 7 de mayo a las 18 estaré ¿firmando ejemplares? en la Feria del Libro; en el Stand 823, de Editorial Dunken.
Ver aquí
La poesía en Cruzagramas Un regalo muy lindo que me hicieron al postear la primera versión.Gracias, Sebastián Barrasa, Gracias a todos!
la poesía debe ser esto
la poesía debe ser aquello
la poesía debe ser esto y aquello
la poesía debe tener y debe hacer
la poesía jamás debería
la poesía jamás debería ser tal y tal cosa
la poesía no debería ser tal otra
la poesía no puede estar al
la poesía no requiere de
la poesía siempre debe ser una forma de
la poesía como una manifestación de
la POESIA con mayúsculas y no la poesía que
la poesía, la poesía bien entendida, prescinde de
la poesía como tal es y debe ser un modo de
la poesía no es para
la poesía en general
la poesía en particular
la poesía contiene una
la poesía como mensaje para las
la poesía o lo que entendemos por poesía
la poesía requiere, y es fundamental señalar que
la poesía la poesía la poesía la
mientras tanto la poesía
suelta de cuerpo
ebria de sol
se ríe en una calle cualquiera
por donde pasa un señor muy enojado que se pregunta
quién fue el depravado que le ha tocado el culo
La poesía
la poesía debe ser esto
la poesía debe ser aquello
la poesía debe ser esto y aquello
la poesía debe tener y debe hacer
la poesía jamás debería
la poesía jamás debería ser tal y tal cosa
la poesía no debería ser tal otra
la poesía no puede estar al
la poesía no requiere de
la poesía siempre debe ser una forma de
la poesía como una manifestación de
la POESIA con mayúsculas y no la poesía que
la poesía, la poesía bien entendida, prescinde de
la poesía como tal es y debe ser un modo de
la poesía no es para
la poesía en general
la poesía en particular
la poesía contiene una
la poesía como mensaje para las
la poesía o lo que entendemos por poesía
la poesía requiere, y es fundamental señalar que
la poesía la poesía la poesía la
Mientras tanto la poesía es.
La poesía siempre es.
La poesía siempre es otra cosa.
La poesía
la poesía debe ser esto
la poesía debe ser aquello
la poesía debe ser esto y aquello
la poesía debe tener y debe hacer
la poesía jamás debería
la poesía jamás debería ser tal y tal cosa
la poesía no debería ser tal otra
la poesía no puede estar al
la poesía no requiere de
la poesía siempre debe ser una forma de
la poesía como una manifestación de
la POESIA con mayúsculas y no la poesía que
la poesía, la poesía bien entendida, prescinde de
la poesía como tal es y debe ser un modo de
la poesía no es para
la poesía en general
la poesía en particular
la poesía contiene una
la poesía como mensaje para las
la poesía o lo que entendemos por poesía
la poesía requiere, y es fundamental señalar que
la poesía la poesía la poesía la
Cuando el orador terminó su discurso,
un aire de siesta envolvía toda la sala.
Los libros parecían desplomarse en los estantes.
Una mitad de la concurrencia permanecía dormida,
la otra mitad soñaba con no estar allí.
Aviso:
El día Jueves 7 de mayo a las 18 estaré ¿firmando ejemplares? en la Feria del Libro; en el Stand 823, de Editorial Dunken.
Ver aquí
La poesía en Cruzagramas Un regalo muy lindo que me hicieron al postear la primera versión.Gracias, Sebastián Barrasa, Gracias a todos!
sábado, abril 18, 2009
Notas para un poema XXX
Permitidme, Dios mío, que sea pato
¿Para qué tanto lío,
tanto papel,
ni tanta pamplina?
Pato.
Mira, como aquél
que va por el río
tocando la bocina…
Blas de Otero
Mañana fresca. Cielo nublado. Todavía se respira en el aire la lluvia de anoche. Me descalzo y empiezo a entretejer mis pies en la arena. Un hombre comanda con dos hilos un barrilete, que aletea bravo, pecho al viento. Un perro negro le ladra, hocico al cielo. Toco el mar. Camino las olitas de la orilla; frescas, muy frescas, y pienso en distancias. La distancia de tocar el mar con los ojos y el de tocarlo con los pies. Pienso en la última vez que estuve aquí.
Por un momento dejo de oír al perro. Y sin embargo ladra como si fuera a tragarse al barrilete de un solo bocado. Las manos del
hombre parecen pedalear asidas a los hilos. Pienso si estaría dispuesto a hacer lo mismo con una nube. Me interno unos metros en el mar. Con total sorpresa descubro un pato hamacándose en las olas, más allá, a un tiro de piedra, como se decía antes. Es un pato negro. Pienso si no es Blas de Otero. Nunca había visto un pato nadando en el mar. En ese momento se me acerca un perro. Otro. Mediano. Es un callejero. Un perro de playa que gusta de remojarse un poco cada tanto. Me hace las gracias que hacen los perros cuando quieren ganarse nuestra amistad. Es cachorro aún y tiene esa inocencia propia de los que avizoran un futuro. Esa esperanza que irá gastando en la arena y por las calles de San Bernardo si es que alguien no se queda con él. Ahora le acaricio la cabeza, le doy unas palmadas y nos hacemos amigos. Blas de Otero desaparece en el horizonte como si buscara nuevas utopías. El barrilete del hombre descansa ahora ya sin firmezas en la arena, de cara hacia las nubes. Y un grupo de gaviotas pasa sobre mí tocando su bocina.
Qué hermosa sos, le dije, y la levanté de la arena. La sumergí en una ola para limpiarla y brilló como una novia. Aún mojada y con todo su brillo en pie, la guardé en un bolsillo. Creo que fui su bicho, su molusco bivalvo mientras anduvimos juntos.
Máximo, que en algún idioma debería querer decir “El que ama y ríe”. Frente al mar, imbuida de su belleza, no se puede esperar mejor cosa de mi alma.
La playa, lamida por el mar, descubre esta mañana un cielo estrellado de conchillas.
Seis gaviotas caminan con premura de mujer distinguida por la orilla. Vienen por los restos que deja la lancha pesquera. Vistas de atrás, parecen tener brazos cruzados tras el lomo. Voy hacia ellas y se vuelan. De pronto son otras. ¿Barriletes de quién son? Los hilos no se les ven y hacen círculos. Blanco sobre el blanco del cielo nublado. Pero es un blanco lleno de montañas. Un blanco lleno de hombres, de hombres niños que tal vez han perdido su barrilete entre las nubes.
Los tiburoncitos que yacen de espalda en la lancha pesquera tienen una herradura de silencio en la boca.
Una caracola en la arena volteada hacia el sol. Oreja por donde oye la playa.
El cielo se abre a las once en punto. Alguien escribe en la arena lo que se leerá más tarde en una foto. Otros perros corren tras un ciclomotor. Son diez. Son veintiséis. Un ovejero alemán no puede con su cadera y da la sensación de que va a partirse en dos. Va último en la fila pero no quiere perderse la fiesta de la velocidad y los truenos del motor. Una gaviota ajena a todo, baja y se detiene en un borde de la lancha pesquera como si se posara en un verso.
San Bernardo, octubre de 2008.
Fin de las notas.
¿Fin de las notas?

¿Para qué tanto lío,
tanto papel,
ni tanta pamplina?
Pato.
Mira, como aquél
que va por el río
tocando la bocina…
Blas de Otero
Mañana fresca. Cielo nublado. Todavía se respira en el aire la lluvia de anoche. Me descalzo y empiezo a entretejer mis pies en la arena. Un hombre comanda con dos hilos un barrilete, que aletea bravo, pecho al viento. Un perro negro le ladra, hocico al cielo. Toco el mar. Camino las olitas de la orilla; frescas, muy frescas, y pienso en distancias. La distancia de tocar el mar con los ojos y el de tocarlo con los pies. Pienso en la última vez que estuve aquí.
Por un momento dejo de oír al perro. Y sin embargo ladra como si fuera a tragarse al barrilete de un solo bocado. Las manos del
hombre parecen pedalear asidas a los hilos. Pienso si estaría dispuesto a hacer lo mismo con una nube. Me interno unos metros en el mar. Con total sorpresa descubro un pato hamacándose en las olas, más allá, a un tiro de piedra, como se decía antes. Es un pato negro. Pienso si no es Blas de Otero. Nunca había visto un pato nadando en el mar. En ese momento se me acerca un perro. Otro. Mediano. Es un callejero. Un perro de playa que gusta de remojarse un poco cada tanto. Me hace las gracias que hacen los perros cuando quieren ganarse nuestra amistad. Es cachorro aún y tiene esa inocencia propia de los que avizoran un futuro. Esa esperanza que irá gastando en la arena y por las calles de San Bernardo si es que alguien no se queda con él. Ahora le acaricio la cabeza, le doy unas palmadas y nos hacemos amigos. Blas de Otero desaparece en el horizonte como si buscara nuevas utopías. El barrilete del hombre descansa ahora ya sin firmezas en la arena, de cara hacia las nubes. Y un grupo de gaviotas pasa sobre mí tocando su bocina.
Qué hermosa sos, le dije, y la levanté de la arena. La sumergí en una ola para limpiarla y brilló como una novia. Aún mojada y con todo su brillo en pie, la guardé en un bolsillo. Creo que fui su bicho, su molusco bivalvo mientras anduvimos juntos.
Máximo, que en algún idioma debería querer decir “El que ama y ríe”. Frente al mar, imbuida de su belleza, no se puede esperar mejor cosa de mi alma.
La playa, lamida por el mar, descubre esta mañana un cielo estrellado de conchillas.
Seis gaviotas caminan con premura de mujer distinguida por la orilla. Vienen por los restos que deja la lancha pesquera. Vistas de atrás, parecen tener brazos cruzados tras el lomo. Voy hacia ellas y se vuelan. De pronto son otras. ¿Barriletes de quién son? Los hilos no se les ven y hacen círculos. Blanco sobre el blanco del cielo nublado. Pero es un blanco lleno de montañas. Un blanco lleno de hombres, de hombres niños que tal vez han perdido su barrilete entre las nubes.
Los tiburoncitos que yacen de espalda en la lancha pesquera tienen una herradura de silencio en la boca.
Una caracola en la arena volteada hacia el sol. Oreja por donde oye la playa.
El cielo se abre a las once en punto. Alguien escribe en la arena lo que se leerá más tarde en una foto. Otros perros corren tras un ciclomotor. Son diez. Son veintiséis. Un ovejero alemán no puede con su cadera y da la sensación de que va a partirse en dos. Va último en la fila pero no quiere perderse la fiesta de la velocidad y los truenos del motor. Una gaviota ajena a todo, baja y se detiene en un borde de la lancha pesquera como si se posara en un verso.
San Bernardo, octubre de 2008.
Fin de las notas.
¿Fin de las notas?
Con Agustina en La Lucila del Mar, cerquita de San Bernardo, en aquellos días.
sábado, abril 11, 2009
Notas para un poema XXIX
Un NO como una catedral, como un transatlántico, la Torre Eiffel,
el Paraná. ¿Cómo es posible que semejante NO saliera de su boca?
Después calló y el No quedó flotando todavía en el aire, como si anunciara la tormenta de Santa Rosa o peor aún: las Siete Plagas de Egipto. “No hablemos más”, me dijo, y cerró la boca como para nunca jamás. Y en sus labios apretados se dibujó un implacable
signo menos.
Cuando se nos cae la voz como en un estanque podrido, hay que dejarla. Ya no tiene palabras que decir y es inútil recoger esa última inflexión estertórea. Mirémosla aletear en ese rato de efímera algarabía antes de que anide ajada y gris entre los cacharros de las buhardillas de la nada.
Dormite, Patri, la noche espeja al revés en los ojos del callado que rumia desvelos y yo tengo en la boca una estrella perpleja. Miramela de azul y de pulmones en trino, va arrullarte pronto, ya vas a ver. Vengo con los soldaditos mordidos, un disco de Los Beatles y un poema de Tuñón. Mostrame tu última figura de estar viva, la arcilla recién terminada que tiene mujer y un duende de sol en los pies. Dormite ahora que hace frío y en el país hay unos cuántos locos despintados que hablan de otra cosa. Moriremos por vivir de jugar en la vereda. Siempre atardece en los patios con
parra de la infancia. Ponete tu vestido de siempreenamorada y después de bailar la Pachamama con collares de luciérnagas y grillos, y después de un vino largo, dormite lindo y soñá con nosotros, las sobremesas interminables con abrazos; el café y los cigarrillos. Dormite, Patri, pedazo de sol, hermana mía, de mi corazón.
Ahí pasa la bicicleta con alas de José Pedroni. ¿La ves? Hay algo de mi yo en lo pedales. Un rumbo solar en el manubrio. No sé por qué estoy soplando. Y hago viento con las manos.
Ir a la muerte como si se fuera a nacer.
Imagino que voy a una fiesta en una casa de mi barrio.
En la vereda se escucha Midnight Blue, de ELO. Atravieso la puerta y adivino siluetas en el claroscuro del pasillo exterior.
Un ruido de fritura de púa en los surcos de un vinilo me recibe. Suena El jardín imaginario. Toco en las sombras perfumes de ayer. Camino a tientas. Desde la improvisada lamparita roja se adivinan las formas azules de la nostalgia. Ahora tengo 15 años y empiezo
a bailar con todas las novias de mi vida.
el Paraná. ¿Cómo es posible que semejante NO saliera de su boca?
Después calló y el No quedó flotando todavía en el aire, como si anunciara la tormenta de Santa Rosa o peor aún: las Siete Plagas de Egipto. “No hablemos más”, me dijo, y cerró la boca como para nunca jamás. Y en sus labios apretados se dibujó un implacable
signo menos.
Cuando se nos cae la voz como en un estanque podrido, hay que dejarla. Ya no tiene palabras que decir y es inútil recoger esa última inflexión estertórea. Mirémosla aletear en ese rato de efímera algarabía antes de que anide ajada y gris entre los cacharros de las buhardillas de la nada.
Dormite, Patri, la noche espeja al revés en los ojos del callado que rumia desvelos y yo tengo en la boca una estrella perpleja. Miramela de azul y de pulmones en trino, va arrullarte pronto, ya vas a ver. Vengo con los soldaditos mordidos, un disco de Los Beatles y un poema de Tuñón. Mostrame tu última figura de estar viva, la arcilla recién terminada que tiene mujer y un duende de sol en los pies. Dormite ahora que hace frío y en el país hay unos cuántos locos despintados que hablan de otra cosa. Moriremos por vivir de jugar en la vereda. Siempre atardece en los patios con
parra de la infancia. Ponete tu vestido de siempreenamorada y después de bailar la Pachamama con collares de luciérnagas y grillos, y después de un vino largo, dormite lindo y soñá con nosotros, las sobremesas interminables con abrazos; el café y los cigarrillos. Dormite, Patri, pedazo de sol, hermana mía, de mi corazón.
Ahí pasa la bicicleta con alas de José Pedroni. ¿La ves? Hay algo de mi yo en lo pedales. Un rumbo solar en el manubrio. No sé por qué estoy soplando. Y hago viento con las manos.
Ir a la muerte como si se fuera a nacer.
Imagino que voy a una fiesta en una casa de mi barrio.
En la vereda se escucha Midnight Blue, de ELO. Atravieso la puerta y adivino siluetas en el claroscuro del pasillo exterior.
Un ruido de fritura de púa en los surcos de un vinilo me recibe. Suena El jardín imaginario. Toco en las sombras perfumes de ayer. Camino a tientas. Desde la improvisada lamparita roja se adivinan las formas azules de la nostalgia. Ahora tengo 15 años y empiezo
a bailar con todas las novias de mi vida.
sábado, abril 04, 2009
Notas para un poema XXVIII
Y decir algo que no pueda ser callado. No un suceso normal, no una noticia cualquiera. Comunicar la propia muerte y después cerrar la puerta. Pero antes, decir hasta luego.
Dicen que de los laberintos se sale por arriba. Propongo salir cavando. Cavando en nosotros mismos.
Y observando una clepsidra -detenido en un brillo que me recuerda unos ojos tras de una ventana-, y siguiendo un granito de arena y otro y otro más, a las seis y cinco de la tarde me pregunto por qué carajo debemos tener un cuerpo.
Otro secreto de la naturaleza, decía Joaquín Giannuzzi, de la ley del viento invernal, mientras veía acumularse la escarcha bajo el vidrio de la ventana: “Otro secreto de la naturaleza cuyo único error es mi propia existencia”.
Sí, de la rosa salió alguien. Pero yo entonces tenía luciérnagas en los ojos.
Bernard Shaw aconsejaba construir los cimientos debajo de los castillos que solemos hacer en el aire. Yo sólo acepto que sean cimientos en el aire, porque entonces qué es, qué hacemos con una ilusión de canto rodado, con una imaginación a la altura de los pies.
Caminamos entre arbitrios, convenciones, parámetros, lugares comunes. Caminamos por lo pensado. ¿Cómo descalzarse el
cuerpo? Ah, caminar siendo el recuerdo de alguien…
Herido en la primera persona del plural, sentado en los codos, abriendo ante mí una silla vacía. Viendo caer la pelusa de las pelotitas de los plátanos en mi cerveza ya sin espuma. Con viento en la cara y voces en la vereda. Con palomas que vienen a robarme el pochoclo de la mesa. San Telmo. Sábado a la tarde. Te invito a bailar en los adoquines aunque no estés, bajo la nieve amarilla que cae de los plátanos.
Dicen que de los laberintos se sale por arriba. Propongo salir cavando. Cavando en nosotros mismos.
Y observando una clepsidra -detenido en un brillo que me recuerda unos ojos tras de una ventana-, y siguiendo un granito de arena y otro y otro más, a las seis y cinco de la tarde me pregunto por qué carajo debemos tener un cuerpo.
Otro secreto de la naturaleza, decía Joaquín Giannuzzi, de la ley del viento invernal, mientras veía acumularse la escarcha bajo el vidrio de la ventana: “Otro secreto de la naturaleza cuyo único error es mi propia existencia”.
Sí, de la rosa salió alguien. Pero yo entonces tenía luciérnagas en los ojos.
Bernard Shaw aconsejaba construir los cimientos debajo de los castillos que solemos hacer en el aire. Yo sólo acepto que sean cimientos en el aire, porque entonces qué es, qué hacemos con una ilusión de canto rodado, con una imaginación a la altura de los pies.
Caminamos entre arbitrios, convenciones, parámetros, lugares comunes. Caminamos por lo pensado. ¿Cómo descalzarse el
cuerpo? Ah, caminar siendo el recuerdo de alguien…
Herido en la primera persona del plural, sentado en los codos, abriendo ante mí una silla vacía. Viendo caer la pelusa de las pelotitas de los plátanos en mi cerveza ya sin espuma. Con viento en la cara y voces en la vereda. Con palomas que vienen a robarme el pochoclo de la mesa. San Telmo. Sábado a la tarde. Te invito a bailar en los adoquines aunque no estés, bajo la nieve amarilla que cae de los plátanos.
domingo, marzo 29, 2009
Notas para un poema XXVII
Las tortugas copulan en el jardín. Emiten un sonido de reptil de película de ciencia ficción de los 50. Gozan. Y yo escribiendo…
El saco negro con caspa en los hombros colgado en la silla figuraba
un cielo estrellado.
La foto de la niña down en el cartel al costado de la avenida
General Paz, donde se lee: Tiene algo especial, te tiene a vos.
¿Y qué vas a decir entre lo dicho? ¿Campanas del vacío tañen como quien pica la senda escabrosa de las horas?
¿El de guardapolvo blanco dibuja un pez en lugar de un sol, que a la vez es un pez y es un sol? ¿Y qué vas a callar entre los pliegues de lo no dicho? ¿Lo callado es una piedra que espera ser esculpida?
Ya sale el pez y el día comienza. Las piedras juegan con las olas. Hay campanas vacías en las gaviotas: de estar por sonar, brillan. Está abierto como un tajo el día.
Destapar un libro y volcar las palabras en una palangana. Hundir las manos en la palangana y empaparnos la cara con palabras hasta volvernos completamente ilegibles.
Sombras tejen cuervos. Rincón final de la ciudad. Al amparo de la luna, un hombre se masturba y se conecta con el universo.
El saco negro con caspa en los hombros colgado en la silla figuraba
un cielo estrellado.
La foto de la niña down en el cartel al costado de la avenida
General Paz, donde se lee: Tiene algo especial, te tiene a vos.
¿Y qué vas a decir entre lo dicho? ¿Campanas del vacío tañen como quien pica la senda escabrosa de las horas?
¿El de guardapolvo blanco dibuja un pez en lugar de un sol, que a la vez es un pez y es un sol? ¿Y qué vas a callar entre los pliegues de lo no dicho? ¿Lo callado es una piedra que espera ser esculpida?
Ya sale el pez y el día comienza. Las piedras juegan con las olas. Hay campanas vacías en las gaviotas: de estar por sonar, brillan. Está abierto como un tajo el día.
Destapar un libro y volcar las palabras en una palangana. Hundir las manos en la palangana y empaparnos la cara con palabras hasta volvernos completamente ilegibles.
Sombras tejen cuervos. Rincón final de la ciudad. Al amparo de la luna, un hombre se masturba y se conecta con el universo.
domingo, marzo 22, 2009
Notas para un poema XXVI
Una pareja discute en medio de la noche. Son vecinos del departamento de enfrente. Se gritan. Pelean como más que dos, como perro y perro. En mi ventanal chorrean sus voces etílicas.
Tienen muchas voces en sus voces. Hacen ruidos de platos, de cubiertos que parecen cuchichear entre ellos en un rincón a salvo. Ruido de persiana atascada, pasos entre almohadones o trastos, ruido de sillas con pesuñas aferradas al parqué. Ella lo insulta y
cae la madre de él. Él la insulta y le dice que ella no debió haber nacido. Luego se corrige: hubieras muerto al nacer. Después se produce un silencio. Corren la mesa. Ella retoma desde el insulto anterior pero esta vez amplía el concepto. El contesta sin ganas, lacónicamente, y hace una pausa. Estrenaremos en mayo, dice ella. No, en junio, dice él, y agrega: no llegamos. Cómo no vamos a llegar, la letra está, vos estás perfecto, y yo con el nuevo
vestuario…
Detrás del cura, que ahora baja por la escalera, se alza la catedral como una gigantesca lápida. Un grupo de feligreses se acerca y saluda al enterrado.
Los amantes son el dibujo de un niño. Mal pintados se ven mejores.
Hoy encontré entre mis libros la estrella que me regalaste.
Qué estrella más gorriona, qué usina de cabeza de alfiler. Tenía en los párpados dos carbones insomnes, y sus manos de flecos
hawaianos se agitaban como si buscaran algo mejor para ponerse.
Cavo en mí las horas. Me socavo. Desciendo por las vagas notas de un bandoneón casi dormido. Al final, cuelgo mi pala de cavar.
Está listo. Ya soy un pozo. En mí trastabilla la luz que pasa a interrogarme.
La paloma de Picasso gira por el mundo: no encuentra paz todavía
Con el dedo índice arqueado, golpear una rosa hasta que salga alguien.
El pino se colocaba un clavel del aire en la solapa y concurría a la gran fiesta del día. Domingo. Los timbales en el desagüe. Llovía.
Tienen muchas voces en sus voces. Hacen ruidos de platos, de cubiertos que parecen cuchichear entre ellos en un rincón a salvo. Ruido de persiana atascada, pasos entre almohadones o trastos, ruido de sillas con pesuñas aferradas al parqué. Ella lo insulta y
cae la madre de él. Él la insulta y le dice que ella no debió haber nacido. Luego se corrige: hubieras muerto al nacer. Después se produce un silencio. Corren la mesa. Ella retoma desde el insulto anterior pero esta vez amplía el concepto. El contesta sin ganas, lacónicamente, y hace una pausa. Estrenaremos en mayo, dice ella. No, en junio, dice él, y agrega: no llegamos. Cómo no vamos a llegar, la letra está, vos estás perfecto, y yo con el nuevo
vestuario…
Detrás del cura, que ahora baja por la escalera, se alza la catedral como una gigantesca lápida. Un grupo de feligreses se acerca y saluda al enterrado.
Los amantes son el dibujo de un niño. Mal pintados se ven mejores.
Hoy encontré entre mis libros la estrella que me regalaste.
Qué estrella más gorriona, qué usina de cabeza de alfiler. Tenía en los párpados dos carbones insomnes, y sus manos de flecos
hawaianos se agitaban como si buscaran algo mejor para ponerse.
Cavo en mí las horas. Me socavo. Desciendo por las vagas notas de un bandoneón casi dormido. Al final, cuelgo mi pala de cavar.
Está listo. Ya soy un pozo. En mí trastabilla la luz que pasa a interrogarme.
La paloma de Picasso gira por el mundo: no encuentra paz todavía
Con el dedo índice arqueado, golpear una rosa hasta que salga alguien.
El pino se colocaba un clavel del aire en la solapa y concurría a la gran fiesta del día. Domingo. Los timbales en el desagüe. Llovía.
sábado, marzo 14, 2009
Notas para un poema XXV
Camino la playa con una mariposa en el hombro. Yo también miro desde ahí. Creo que a ambos nos alza una ola invisible. Como si el pincel de alguien nos estuviera pintando, dando últimos brillos, remarcando sombras. Estamos situados en algún escalón de la tarde, perdidos en otros asuntos, caminando. La mariposa que llamé Patricia se me vuela y se va por un bolsillo del cielo.
El de guardapolvo blanco salta en la arena, junta conchillas que
crecerán en sus bolsillos. Lleno de ángeles, mira ahora desde el hombro de un médano.
El balbuceo de los sillones de mimbre. Nunca terminan de
acomodarse sus astillas en el aire.
Los dos versos finales de The happy child, de Cortázar:
“oh niña que no ves moverse
las alas de una rosa negra”.
Ni las abejas del aire ve la niña feliz. Pero cuando la rosa negra ya no esté, no dirá que se ha volado: buscará los pétalos en su cabeza de dicha, sus manos locas revolotearán el aire sobre su cabeza como alas de rosa negra.
Salí a caminar. El sol ya había abierto. Las rejas de las casas bajo el rocío, las celosías y las puertas cerradas eran vecinas con muy mal humor.
Silencio: pasa una mosca. Detrás un cortejo invisible, largo como un zumbido. Cómo no pensar en la muerte. O al menos en una carroza fúnebre rumbo a un entierro. El resto de las cosas de pie,
de piedra, santiguándose.
Niña: ¿acaso no ves la mosca de la muerte en los pétalos de la rosa negra?
Como la que te amaba y te hablaba de siempres y siempre temía una despedida. Vos, que eras el hombre de su vida, y ahora no te dice ni hola.
Los amantes crecen en buhardillas y andenes, en los samovares del asfalto del verano, en los mateos de los bancos de las plazas, en las copas de los tapiales orinados por los perros, en azules de madrugada con tejados a dos aguas, en la lluvia que aún chorrean los árboles a los que nadie les avisó que ha parado de llover. En tantas otras partes crece la inesperada llama. Cada vez que alguien sueña el amor nace el mundo, echa a andar la primera hora. Adán y Eva andan desnudos, frágiles, eternos. El árbol de la sabiduría aún no sabe nada.
El de guardapolvo blanco salta en la arena, junta conchillas que
crecerán en sus bolsillos. Lleno de ángeles, mira ahora desde el hombro de un médano.
El balbuceo de los sillones de mimbre. Nunca terminan de
acomodarse sus astillas en el aire.
Los dos versos finales de The happy child, de Cortázar:
“oh niña que no ves moverse
las alas de una rosa negra”.
Ni las abejas del aire ve la niña feliz. Pero cuando la rosa negra ya no esté, no dirá que se ha volado: buscará los pétalos en su cabeza de dicha, sus manos locas revolotearán el aire sobre su cabeza como alas de rosa negra.
Salí a caminar. El sol ya había abierto. Las rejas de las casas bajo el rocío, las celosías y las puertas cerradas eran vecinas con muy mal humor.
Silencio: pasa una mosca. Detrás un cortejo invisible, largo como un zumbido. Cómo no pensar en la muerte. O al menos en una carroza fúnebre rumbo a un entierro. El resto de las cosas de pie,
de piedra, santiguándose.
Niña: ¿acaso no ves la mosca de la muerte en los pétalos de la rosa negra?
Como la que te amaba y te hablaba de siempres y siempre temía una despedida. Vos, que eras el hombre de su vida, y ahora no te dice ni hola.
Los amantes crecen en buhardillas y andenes, en los samovares del asfalto del verano, en los mateos de los bancos de las plazas, en las copas de los tapiales orinados por los perros, en azules de madrugada con tejados a dos aguas, en la lluvia que aún chorrean los árboles a los que nadie les avisó que ha parado de llover. En tantas otras partes crece la inesperada llama. Cada vez que alguien sueña el amor nace el mundo, echa a andar la primera hora. Adán y Eva andan desnudos, frágiles, eternos. El árbol de la sabiduría aún no sabe nada.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





