domingo, agosto 05, 2007

Pregunta

Me pongo de pie y estiro los brazos.

Con una mano formo un gancho hacia arriba.
Con la otra un gancho hacia abajo.

Te pregunto qué soy:

-Un espantapájaros.
-No.

Y antes de que digas un cristo me adelanto y te digo:

-Una pregunta.

Porque en efecto es lo que soy.

sábado, julio 28, 2007

En el sueño

En el sueño también estás muerta.

Estamos en casa de mamá
y todo el mundo se hace el distraído.

Tu cara adquiere manchas rojas.
Pero de pronto son grises. Después
tu cara es normal y andás alegre.

Nadie se atreve a preguntarte.
Yo tampoco. Dilato el momento,
doy rodeos. Entro en una zona vaga,
esas cosas de los sueños, cosas que se me van,
que no logro retener o descifrar.

Pero cuando me acerco a vos
y ya sos clara como la última vez que te vi
me muerdo los labios por preguntarte
si te das cuenta que estás muerta,
si viniste de visita por un rato nomás
o si estás de vacaciones.

sábado, julio 21, 2007

Después de la soledad

...otra vez estás vos
aunque preguntándome a solas
qué vendrá después de la soledad.

Mario Benedetti.





Después de la soledad
Viene una comparsa macilenta de conclusiones
que caen como lágrimas no lloradas. Una encrucijada
que tiene su espejo en la Cruz del Sur apenas entrevista.
Viene otra soledad con su viejo vestido nuevo
a bailarnos un vals melancólico y plomizo. En esa incertidumbre
descolgamos el alma del ropero, le arreglamos las solapas levantadas
en una tarde de frío, nos ponemos un recuerdo en los bolsillos
y hablamos soledades frente a espejos que no están o que están
en otra casa, otros pasillos, los parques en otoño.

Después de la soledad viene un después de hora. Un arrojar los dados
para que den barriletes o trapecios. Viene ese instante
de preguntar por nosotros a los perros, a los árboles,
a las rejas negras de una casa cualquiera.
Viene el si somos o no somos frente
a la calavera de los días: sopesamos una moneda
que perdimos en la infancia, el sonido de un
arroyo –pudiera ser- con sus dedos de luz
entre los juncos.

Después de la soledad viene el amor por las cosas simples,
un nombre,un estribillo, una campana, un tenedor,
un zapato, el sonido de unos pasos en un museo,
el aleteo de una gaviota fuera de su grupo,
las sombras de un sauce recostado en el crepúsculo.
Vienen voces queridas,gestos copiosos, unos ojos, otros,
retahílas de cariño.

Después de la soledad viene el amor porque el puente de la soledad
conduce hacia él saltando las aguas de la muerte. Si la soledad
no es tierra del amor no será fosa para nadie. No será canto
de cisne o de sirenas, ni siquiera un silbido para no sentirse solo.
Después de la soledad viene la vida. La vida con soledades y sin ellas.

sábado, julio 14, 2007

Excusa

El poeta llega tarde a la cita. Una venda
improvisada cubre su cabeza. Pretexta
que ha llovido con sol y que un pedazo de arco iris
se desprendió del cielo y le cayó en la cabeza.

viernes, julio 06, 2007

Día espléndido

Acaso un dios enamorado
ha escrito con el crayón del sol
el poema de este día.

Se puede dar una vuelta carnero,
bailar como un trompo,
ser eterno bajo la sombra de un árbol.

Sin embargo fijo la mirada en ese niño:
desde su mundo parece pedir que le dibujen
un corderito.

Otro niño, mas allá, en la esquina con jacarandá,
muerde el aroma de las garrapiñadas.

sábado, junio 30, 2007

Señales

Salgo a la calle
en medio de la lluvia.

Luces multiplicadas en los adoquines.
Gotas que arañan el vapor
de los motores.

Me pregunto si te veré:
los autos pasan,
los limpiaparabrisas dicen que no.

sábado, junio 23, 2007

Cuentos

Aquí se han mezclado los cuentos.

A vos te ha tocado ser
Blancanieves.
Sin caja de cristal.
Sin enanos.

Yo, en cambio,
soy el jorobado de Notre Dame.
Entre campana y campana
gasto mi joroba contra las paredes.

Por lo demás, no soy tan feo.

domingo, junio 17, 2007

La garza

En medio del canal contaminado,
entre el barro pestilente, el aceite
de mil motores, la basura, surge
esa garza blanca, perfecta, luminosa.
Ni una mancha tiene; ni la mínima
salpicadura en su traje de garza.
No entiendo cómo no se han fijado
en ella los publicistas, los fabricantes
de jabón para la ropa.

domingo, junio 10, 2007

El pájaro de Prévert

Hay vacas
que tienen
países
que nunca visité.
(Qué decir
del diseño
de las jirafas).
Pero he estado
en una
mujer
durante largas puertas,
trepado sus
elevadas ventanas,
sus goznes
en blues
con el pájaro de
Prévert
-socavándome-
en mi cabeza.
Sin jactarme
puedo decir
que no hay pared
o transatlántico
que no atraviese
mi alma.

domingo, junio 03, 2007

Buen consejo

En épocas de sequía literaria,
el poeta debe esperar una noche
de tormenta eléctrica, subir a una terraza,
tomar un pararrayos, apoyarlo
en un papel a fin de experimentar si le es dado
el poema como por mandato divino.

lunes, mayo 28, 2007

Dibujo

Escribo la palabra


OJO


dibujo una cara sin boca

miércoles, mayo 23, 2007

La gente

La gente cuerda como una soga.
La gente sola como un cadalso.
La gente de nudos apretados.
La gente sola de una soledad anónima y oculta.
La gente sola como la luna.
La gente que empuja en el subte, en el pasamanos.
La gente que pasa manos y hace garabatos en los vidrios.
La gente que en su cordura es un país que cruza
la vereda y se estrella contra el sol que revolean
los charcos.
La gente que aterriza en un papel donde hay un cielo,
un sol, una casita y un árbol dibujados.

jueves, mayo 17, 2007

Árbol

Han podado el árbol
de mi calle.

Está desnudo, el pobre,
y hace frío.

¿No habrá una buena vecina
que le teja una mañanita?

martes, mayo 08, 2007

Clepsidra

Estoy sentado
en la cima de un médano
y me cae arena en la cabeza.

Cada tanto me incorporo,
me sacudo y vuelvo a sentarme
en el mismo sitio.

No sé qué hora es y, lo peor,
cuánto tiempo llevo aquí, sentado,
dentro de estas paredes de vidrio.

domingo, abril 22, 2007

Hola a todos. Tengo la compu descompuesta, parece que algo le ha caido mal.
Asi que estare ausente unos dias. Abrazos y hasta pronto.

domingo, abril 15, 2007

Símbolos

Un sol asomado por arriba y por detrás
del óvalo. Dos ramas de laurel lo enmarcan:
sus puntas están sujetas por una cinta
celeste y blanca que forma un moño en la base.

En el centro del óvalo, dos manos se estrechan
delante de un palo coronado por un gorro
color rojo.

El óvalo se divide horizontalmente en dos secciones:
es celeste en la parte superior y blanco en la inferior.

He aquí al escudo nacional argentino.


La sangre es un tejido conectivo
en que la sustancia intercelular es líquida.
Está compuesta de plasma sanguíneo, glóbulos rojos,
glóbulos blancos y plaquetas.

lunes, abril 09, 2007

Ideas para una novela policial

Una novela policial donde el asesino
mude de página según su voluntad.
O bien un asesino por fuera del libro
con el que podamos resolver a nuestro
antojo. Es decir un señalador. Pero sólo
en apariencia.

sábado, marzo 31, 2007

Pulsera

Un hombre fuma su cigarro
sentado en un bar. Pone la boca en O
y exhala círculos de humo
que flotan en el aire.

La mujer que vende flores
por las mesas, se acerca al hombre
y se coloca una pulsera de humo gris
en la muñeca izquierda.

sábado, marzo 24, 2007

Patricia

A mi hermana Patricia: 24-02-53 / 24-03-07



Donde sea que estés
-si hay un lugar- esperame un ratito más,
no me tardaré demasiado.

La vida es un soplo, un aleteo,
este latido vulnerado. Yo sigo siendo
el que sopla cenizas para que den espejos.

Patricia: la paloma blanca de tu ausencia
ha hecho un nido enorme en la ventana
más alta de mi alma. Inútil espantarla.

Al pie de tu muerte lloro y te recuerdo
y siento el horror de seguir vivo.
Mi corazón es un puño cerrado donde guardo
tu nombre, y ya no tengo la llave de tu risa
para abrirlo.

Hasta pronto, Patri, y hasta siempre
y no olvides, por favor, que yo te amo.

viernes, marzo 23, 2007

Guitarra negra, de Alfredo Zitarrosa

(Poema por milonga)


I. Introducción
Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra... Cómo haré para que sientas mi torpe amor, mis ganas de sonarte entera y mía... Cómo se toca tu carne de aire, tu oloroso tacto, tu corazón sin hambre, tu silencio en el puente, tu cuerda quinta, tu bordón macho y oscuro, tus parientes cantores, tus tres almas, conversadoras como niñas... Cómo se puede amarte sin dolor, sin apuro, sin testigos, sin manos que te ofendan... Cómo traspasarte mis hombres y mujeres bien queridos, guitarra; mis amores ajenos, mi certeza de amarte como pocos... Cómo entregarte todos esos nombres y esa sangre, sin inundar tu corazón de sombras, de temblores y muerte, de ceniza, de soledad y rabia, de silencio, de lágrimas idiotas...

II. Allanamiento
Hoy anduvo la muerte buscando entre mis libros alguna cosa... Hoy por la tarde anduvo, entre papeles, averiguando cómo he sido, cómo ha sido mi vida, cuánto tiempo perdí, cómo escribía cuando había verduleros que venían de las quintas, cuando tenía dos novias, un lindo jopo, dos pares de zapatos, cuando no había televisión, ese mundo a los pies, violento, imbécil, abrumador, esa novela canallesca escrita por un loco... Hoy anduvo la muerte entre mis libros buscando mi pasado, buscando los veranos del 40, los muchachitos bajo la manguera, las siestas clandestinas, los plátanos del barrio, asesinados, tallados en el alma... Hoy anduvo la muerte revisando mi abono del tranvía, mis amigos, sus nombres, las noches del Café Montevideo, las encomiendas por la Onda con olor a estofado, revisando a mi padre, su Berreta, su Baldomir, revisando a mi madre, su hemiplejia, al Uruguay batllista, a Arístides querido, a mis anarcos queridos bajo bandera, bajo mortaja, bajo vinos y versos interminables... Hoy anduvo la muerte revisando los ruidos del teléfono, distintos bajo los dedos índices, las fotos, el termómetro, los muertos y los vivos, los pálidos fantasmas que me habitan, sus pies y manos múltiples, sus ojos y sus dientes, bajo sospecha de subversión... Y no halló nada... No pudo hallar a Batlle, ni a mi padre ni a mi madre, ni a Marx, ni a Arístides, ni a Lenin, ni al Príncipe Kropotkin, ni al Uruguay ni a nadie... ni a los muertos Fernández más recientes... A mí tampoco me encontró... Yo había tomado un ómnibus al Cerro e iba sentado al lado de la vida... Pasé frente al Nocturno y la vida había pintado unos carteles... Pregunté en una esquina por la hora, y en la bolsa del hombre que me dijo la hora iba la vida, junto con su almuerzo... Hoy dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas... y la noche entrará por todas las ventanas de mi casa, por todas las ventanas de todo el barrio, por todas las ventanas de todos los cuarteles y de todas las cárceles, por todas las ventanas de los hospitales... la noche entrará, cabeceando, saltará para adentro, sombra a sombra a la luz del farol... y se echará en el piso como un perro... y aguardará hasta la madrugada... Hoy... dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas, para siempre...


Alfredo Zitarrosa