jueves, mayo 28, 2009

El día menos pensado

El día menos pensado
la libertad brotará hasta por las tumbas de lo incierto
las estructuras bailarán sobre sus patas de miga
las certezas enseñarán su reverso helado
cantarán de alivio las varices de lo aprendido
se mojarán de urgencia las excusas
brillarán de espuma el deseo y todo lo que ha costado ser memoria:
rezarán las sombras!
rezarán las sombras!
implorarán los uniformes, los formales
se morirá de paz el miedo
se alcanzará el amor como la flor blanca que arrancamos de un naranjo
será el día más sentido
y cada cual llevará puesta su estrella particular
su sol encendido
su porción de cielo en las mangas del alma
la verdad será respirar el aire puro:
la boca del mar
poros de las montañas
cantarán los campos su cigarra en punto
su espiga azul de vientos y de lluvias
el pan será una mano y otra mano y otra
y nos miraremos a los ojos con la alegría del querer cumplido
ese día será el día
y echará a rodar como una perla como una brizna de polen
como el primer latido
el día menos pensado será el más sentido
el más pensado de sentir a corazón multiplicado
el día menos pensado: ese alud hacia arriba
el día que nadie jamás se ha puesto a pensar.







Ver más aquí
y aquí

Gracias, Analía!
Gracias, Adal!

sábado, mayo 23, 2009

Un libro

Un libro sin tapas, sin lomo, sin páginas, sin palabras.
Un libro que pueda leer quien quiera leer.
Un libro que quiera escribir quien quiera escribir.
Un libro con todas las posibilidades de ser libro
y con todas las posibilidades de ser otras cosas en el libro
y fuera de él.
Un libro que celebre la inutilidad,
que es como celebrar la felicidad, y todo bello arte.
Un libro del que sea inútil sustraerse.
Un libro cuya presencia en el aire
la inaugure -por ejemplo- una chispa de polen,
y su ausencia la determine acaso un ladrido lejano.
Un libro que no sea.
Y que por momentos no sea más que un libro.





Este poema nació como comentario a un post de Cruzagramas:
http://cruzagramas.com.ar/2009/04/libros-por-luis-britto-garcia.html

Gracias, Sebastián Barrasa!

sábado, mayo 16, 2009

Su juguete preferido y post

Soy su juguete preferido
me peina
me retoca los pómulos
me abre los brazos
me los cierra
me sienta a su mesa
donde hay unos cacharros
un set de belleza
un viejo poni sin un ojo
y de pronto me pone de pie
me da vuelta
me baja los pantalones
toma una batería de 6 volts
y me dice no temas no temas
es para que hables
para que cantes







Algunas fotos del encuentro "Reunión de voces 2009", que organizó el Grupo Pretextos. Tuvo lugar en la Sadem del 30 de abril al 3 de mayo. Fue un festival de poesía maravilloso.

Parte del Grupo Pretextos con Gustavo Tisocco. ( Alicia Cora Fernández, Bibi Albert, María Laura Coppié y Alicia Márquez)


Aquí Gustavo con las Pretextas que faltaban en la foto anterior: Gabriela Delgado y Mariana Toniolo. Gracias, Gustavo, por las fotos!


Con Elizabet Cincotta, Karina Sacerdote, Gustavo Tisocco, Emmanuel Cassanese, Roxana Palacios y Rubén Gómez.

Con Alexandra Botto y Rubén Gómez.

Con María del Mar Estrella.


Bibi Albert, Alicia Márquez y un poquito de Mariana Toniolo.


Con Bibi Albert y mi compañero de Cruzagramas Sebastián Olaso.


Presentando Musas Extraviadas, el sábado 3 de mayo.




Más fotos del encuentro Aquí, en el blog de Gustavo Tisocco.
Ver de qué se trata Grupo Pretextos Aquí.


viernes, mayo 08, 2009

La Tristeza y la Ternura

Andaban la Tristeza y la Ternura
jugando una rayuela en mi cuarto.
Salí de mí, roca impura
le grité a la Tristeza
que abandonó la casilla 9
y se olvidó un pañuelo lleno de rostros.
En cambio la Ternura
buscó una almohada donde hundir su cabeza
y se hizo pis en mi cama.








Ver Aquí la maravilla que me dedicó Gustavo Tisocco en uno de sus blogs.

viernes, mayo 01, 2009

Hombre rezando

Un hombre reza en un baldío.
Manos juntas al cielo.
Lágrimas de óleo y reguero después.
Los árboles con infinitos rostros.
O demonios. Cenizas de un fuego cuyo humo
repele a los mosquitos y asemeja un incienso
que se vuelve danza azul, plegaria lenta, triste,
a los pies del hombre.

Un hombre baldío llora fuego.
Su humo de plegaria
son manos juntas de óleo, de cenizas.
Un hombre es infinitos rostros, infinito humo,
infinito cielo. Los mosquitos son lágrimas de incienso.
Parecen lentos, tristes, parecen pies.
Los demonios del hombre rezan.
Todos los árboles azules danzan.




Aviso:

El día Jueves 7 de mayo a las 18 estaré firmando ejemplares en la Feria del Libro; en el Stand 823, de Editorial Dunken.


Ver aquí
La poesía en Cruzagramas
Un regalo muy lindo que me hicieron al postear la primera versión.
Gracias, Sebastián Barrasa, Gracias a todos!

sábado, abril 25, 2009

La poesía (En tres versiones. Sólo cambia el final)

La poesía

la poesía debe ser esto
la poesía debe ser aquello
la poesía debe ser esto y aquello
la poesía debe tener y debe hacer
la poesía jamás debería
la poesía jamás debería ser tal y tal cosa
la poesía no debería ser tal otra
la poesía no puede estar al
la poesía no requiere de
la poesía siempre debe ser una forma de
la poesía como una manifestación de
la POESIA con mayúsculas y no la poesía que
la poesía, la poesía bien entendida, prescinde de
la poesía como tal es y debe ser un modo de
la poesía no es para
la poesía en general
la poesía en particular
la poesía contiene una
la poesía como mensaje para las
la poesía o lo que entendemos por poesía
la poesía requiere, y es fundamental señalar que
la poesía la poesía la poesía la

mientras tanto la poesía
suelta de cuerpo
ebria de sol
se ríe en una calle cualquiera
por donde pasa un señor muy enojado que se pregunta
quién fue el depravado que le ha tocado el culo





La poesía

la poesía debe ser esto
la poesía debe ser aquello
la poesía debe ser esto y aquello
la poesía debe tener y debe hacer
la poesía jamás debería
la poesía jamás debería ser tal y tal cosa
la poesía no debería ser tal otra
la poesía no puede estar al
la poesía no requiere de
la poesía siempre debe ser una forma de
la poesía como una manifestación de
la POESIA con mayúsculas y no la poesía que
la poesía, la poesía bien entendida, prescinde de
la poesía como tal es y debe ser un modo de
la poesía no es para
la poesía en general
la poesía en particular
la poesía contiene una
la poesía como mensaje para las
la poesía o lo que entendemos por poesía
la poesía requiere, y es fundamental señalar que
la poesía la poesía la poesía la

Mientras tanto la poesía es.
La poesía siempre es.
La poesía siempre es otra cosa.





La poesía

la poesía debe ser esto
la poesía debe ser aquello
la poesía debe ser esto y aquello
la poesía debe tener y debe hacer
la poesía jamás debería
la poesía jamás debería ser tal y tal cosa
la poesía no debería ser tal otra
la poesía no puede estar al
la poesía no requiere de
la poesía siempre debe ser una forma de
la poesía como una manifestación de
la POESIA con mayúsculas y no la poesía que
la poesía, la poesía bien entendida, prescinde de
la poesía como tal es y debe ser un modo de
la poesía no es para
la poesía en general
la poesía en particular
la poesía contiene una
la poesía como mensaje para las
la poesía o lo que entendemos por poesía
la poesía requiere, y es fundamental señalar que
la poesía la poesía la poesía la

Cuando el orador terminó su discurso,
un aire de siesta envolvía toda la sala.
Los libros parecían desplomarse en los estantes.
Una mitad de la concurrencia permanecía dormida,
la otra mitad soñaba con no estar allí.



Aviso:
El día Jueves 7 de mayo a las 18 estaré ¿firmando ejemplares? en la Feria del Libro; en el Stand 823, de Editorial Dunken.


Ver aquí
La poesía en Cruzagramas Un regalo muy lindo que me hicieron al postear la primera versión.Gracias, Sebastián Barrasa, Gracias a todos!

sábado, abril 18, 2009

Notas para un poema XXX

Permitidme, Dios mío, que sea pato
¿Para qué tanto lío,
tanto papel,
ni tanta pamplina?
Pato.

Mira, como aquél
que va por el río
tocando la bocina…


Blas de Otero




Mañana fresca. Cielo nublado. Todavía se respira en el aire la lluvia de anoche. Me descalzo y empiezo a entretejer mis pies en la arena. Un hombre comanda con dos hilos un barrilete, que aletea bravo, pecho al viento. Un perro negro le ladra, hocico al cielo. Toco el mar. Camino las olitas de la orilla; frescas, muy frescas, y pienso en distancias. La distancia de tocar el mar con los ojos y el de tocarlo con los pies. Pienso en la última vez que estuve aquí.
Por un momento dejo de oír al perro. Y sin embargo ladra como si fuera a tragarse al barrilete de un solo bocado. Las manos del
hombre parecen pedalear asidas a los hilos. Pienso si estaría dispuesto a hacer lo mismo con una nube. Me interno unos metros en el mar. Con total sorpresa descubro un pato hamacándose en las olas, más allá, a un tiro de piedra, como se decía antes. Es un pato negro. Pienso si no es Blas de Otero. Nunca había visto un pato nadando en el mar. En ese momento se me acerca un perro. Otro. Mediano. Es un callejero. Un perro de playa que gusta de remojarse un poco cada tanto. Me hace las gracias que hacen los perros cuando quieren ganarse nuestra amistad. Es cachorro aún y tiene esa inocencia propia de los que avizoran un futuro. Esa esperanza que irá gastando en la arena y por las calles de San Bernardo si es que alguien no se queda con él. Ahora le acaricio la cabeza, le doy unas palmadas y nos hacemos amigos. Blas de Otero desaparece en el horizonte como si buscara nuevas utopías. El barrilete del hombre descansa ahora ya sin firmezas en la arena, de cara hacia las nubes. Y un grupo de gaviotas pasa sobre mí tocando su bocina.

Qué hermosa sos, le dije, y la levanté de la arena. La sumergí en una ola para limpiarla y brilló como una novia. Aún mojada y con todo su brillo en pie, la guardé en un bolsillo. Creo que fui su bicho, su molusco bivalvo mientras anduvimos juntos.

Máximo, que en algún idioma debería querer decir “El que ama y ríe”. Frente al mar, imbuida de su belleza, no se puede esperar mejor cosa de mi alma.

La playa, lamida por el mar, descubre esta mañana un cielo estrellado de conchillas.

Seis gaviotas caminan con premura de mujer distinguida por la orilla. Vienen por los restos que deja la lancha pesquera. Vistas de atrás, parecen tener brazos cruzados tras el lomo. Voy hacia ellas y se vuelan. De pronto son otras. ¿Barriletes de quién son? Los hilos no se les ven y hacen círculos. Blanco sobre el blanco del cielo nublado. Pero es un blanco lleno de montañas. Un blanco lleno de hombres, de hombres niños que tal vez han perdido su barrilete entre las nubes.

Los tiburoncitos que yacen de espalda en la lancha pesquera tienen una herradura de silencio en la boca.

Una caracola en la arena volteada hacia el sol. Oreja por donde oye la playa.

El cielo se abre a las once en punto. Alguien escribe en la arena lo que se leerá más tarde en una foto. Otros perros corren tras un ciclomotor. Son diez. Son veintiséis. Un ovejero alemán no puede con su cadera y da la sensación de que va a partirse en dos. Va último en la fila pero no quiere perderse la fiesta de la velocidad y los truenos del motor. Una gaviota ajena a todo, baja y se detiene en un borde de la lancha pesquera como si se posara en un verso.

San Bernardo, octubre de 2008.


Fin de las notas.
¿Fin de las notas?




Con Agustina en La Lucila del Mar, cerquita de San Bernardo, en aquellos días.

sábado, abril 11, 2009

Notas para un poema XXIX

Un NO como una catedral, como un transatlántico, la Torre Eiffel,
el Paraná. ¿Cómo es posible que semejante NO saliera de su boca?
Después calló y el No quedó flotando todavía en el aire, como si anunciara la tormenta de Santa Rosa o peor aún: las Siete Plagas de Egipto. “No hablemos más”, me dijo, y cerró la boca como para nunca jamás. Y en sus labios apretados se dibujó un implacable
signo menos.

Cuando se nos cae la voz como en un estanque podrido, hay que dejarla. Ya no tiene palabras que decir y es inútil recoger esa última inflexión estertórea. Mirémosla aletear en ese rato de efímera algarabía antes de que anide ajada y gris entre los cacharros de las buhardillas de la nada.

Dormite, Patri, la noche espeja al revés en los ojos del callado que rumia desvelos y yo tengo en la boca una estrella perpleja. Miramela de azul y de pulmones en trino, va arrullarte pronto, ya vas a ver. Vengo con los soldaditos mordidos, un disco de Los Beatles y un poema de Tuñón. Mostrame tu última figura de estar viva, la arcilla recién terminada que tiene mujer y un duende de sol en los pies. Dormite ahora que hace frío y en el país hay unos cuántos locos despintados que hablan de otra cosa. Moriremos por vivir de jugar en la vereda. Siempre atardece en los patios con
parra de la infancia. Ponete tu vestido de siempreenamorada y después de bailar la Pachamama con collares de luciérnagas y grillos, y después de un vino largo, dormite lindo y soñá con nosotros, las sobremesas interminables con abrazos; el café y los cigarrillos. Dormite, Patri, pedazo de sol, hermana mía, de mi corazón.

Ahí pasa la bicicleta con alas de José Pedroni. ¿La ves? Hay algo de mi yo en lo pedales. Un rumbo solar en el manubrio. No sé por qué estoy soplando. Y hago viento con las manos.

Ir a la muerte como si se fuera a nacer.

Imagino que voy a una fiesta en una casa de mi barrio.
En la vereda se escucha Midnight Blue, de ELO. Atravieso la puerta y adivino siluetas en el claroscuro del pasillo exterior.
Un ruido de fritura de púa en los surcos de un vinilo me recibe. Suena El jardín imaginario. Toco en las sombras perfumes de ayer. Camino a tientas. Desde la improvisada lamparita roja se adivinan las formas azules de la nostalgia. Ahora tengo 15 años y empiezo
a bailar con todas las novias de mi vida.

sábado, abril 04, 2009

Notas para un poema XXVIII

Y decir algo que no pueda ser callado. No un suceso normal, no una noticia cualquiera. Comunicar la propia muerte y después cerrar la puerta. Pero antes, decir hasta luego.

Dicen que de los laberintos se sale por arriba. Propongo salir cavando. Cavando en nosotros mismos.

Y observando una clepsidra -detenido en un brillo que me recuerda unos ojos tras de una ventana-, y siguiendo un granito de arena y otro y otro más, a las seis y cinco de la tarde me pregunto por qué carajo debemos tener un cuerpo.

Otro secreto de la naturaleza, decía Joaquín Giannuzzi, de la ley del viento invernal, mientras veía acumularse la escarcha bajo el vidrio de la ventana: “Otro secreto de la naturaleza cuyo único error es mi propia existencia”.

Sí, de la rosa salió alguien. Pero yo entonces tenía luciérnagas en los ojos.

Bernard Shaw aconsejaba construir los cimientos debajo de los castillos que solemos hacer en el aire. Yo sólo acepto que sean cimientos en el aire, porque entonces qué es, qué hacemos con una ilusión de canto rodado, con una imaginación a la altura de los pies.

Caminamos entre arbitrios, convenciones, parámetros, lugares comunes. Caminamos por lo pensado. ¿Cómo descalzarse el
cuerpo? Ah, caminar siendo el recuerdo de alguien…

Herido en la primera persona del plural, sentado en los codos, abriendo ante mí una silla vacía. Viendo caer la pelusa de las pelotitas de los plátanos en mi cerveza ya sin espuma. Con viento en la cara y voces en la vereda. Con palomas que vienen a robarme el pochoclo de la mesa. San Telmo. Sábado a la tarde. Te invito a bailar en los adoquines aunque no estés, bajo la nieve amarilla que cae de los plátanos.

domingo, marzo 29, 2009

Notas para un poema XXVII

Las tortugas copulan en el jardín. Emiten un sonido de reptil de película de ciencia ficción de los 50. Gozan. Y yo escribiendo…

El saco negro con caspa en los hombros colgado en la silla figuraba
un cielo estrellado.

La foto de la niña down en el cartel al costado de la avenida
General Paz, donde se lee: Tiene algo especial, te tiene a vos.

¿Y qué vas a decir entre lo dicho? ¿Campanas del vacío tañen como quien pica la senda escabrosa de las horas?
¿El de guardapolvo blanco dibuja un pez en lugar de un sol, que a la vez es un pez y es un sol? ¿Y qué vas a callar entre los pliegues de lo no dicho? ¿Lo callado es una piedra que espera ser esculpida?
Ya sale el pez y el día comienza. Las piedras juegan con las olas. Hay campanas vacías en las gaviotas: de estar por sonar, brillan. Está abierto como un tajo el día.

Destapar un libro y volcar las palabras en una palangana. Hundir las manos en la palangana y empaparnos la cara con palabras hasta volvernos completamente ilegibles.

Sombras tejen cuervos. Rincón final de la ciudad. Al amparo de la luna, un hombre se masturba y se conecta con el universo.

domingo, marzo 22, 2009

Notas para un poema XXVI

Una pareja discute en medio de la noche. Son vecinos del departamento de enfrente. Se gritan. Pelean como más que dos, como perro y perro. En mi ventanal chorrean sus voces etílicas.
Tienen muchas voces en sus voces. Hacen ruidos de platos, de cubiertos que parecen cuchichear entre ellos en un rincón a salvo. Ruido de persiana atascada, pasos entre almohadones o trastos, ruido de sillas con pesuñas aferradas al parqué. Ella lo insulta y 
cae la madre de él. Él la insulta y le dice que ella no debió haber nacido. Luego se corrige: hubieras muerto al nacer. Después se produce un silencio. Corren la mesa. Ella retoma desde el insulto anterior pero esta vez amplía el concepto. El contesta sin ganas, lacónicamente, y hace una pausa. Estrenaremos en mayo, dice ella. No, en junio, dice él, y agrega: no llegamos. Cómo no vamos a llegar, la letra está, vos estás perfecto, y yo con el nuevo
vestuario…

Detrás del cura, que ahora baja por la escalera, se alza la catedral como una gigantesca lápida. Un grupo de feligreses se acerca y saluda al enterrado.

Los amantes son el dibujo de un niño. Mal pintados se ven mejores. 

Hoy encontré entre mis libros la estrella que me regalaste. 
Qué estrella más gorriona, qué usina de cabeza de alfiler. Tenía en los párpados dos carbones insomnes, y sus manos de flecos
hawaianos se agitaban como si buscaran algo mejor para ponerse.

Cavo en mí las horas. Me socavo. Desciendo por las vagas notas de un bandoneón casi dormido. Al final, cuelgo mi pala de cavar. 
Está listo. Ya soy un pozo. En mí trastabilla la luz que pasa a interrogarme.

La paloma de Picasso gira por el mundo: no encuentra paz todavía

Con el dedo índice arqueado, golpear una rosa hasta que salga alguien.

El pino se colocaba un clavel del aire en la solapa y concurría a la gran fiesta del día. Domingo. Los timbales en el desagüe. Llovía. 

sábado, marzo 14, 2009

Notas para un poema XXV

Camino la playa con una mariposa en el hombro. Yo también miro desde ahí. Creo que a ambos nos alza una ola invisible. Como si el pincel de alguien nos estuviera pintando, dando últimos brillos, remarcando sombras. Estamos situados en algún escalón de la tarde, perdidos en otros asuntos, caminando. La mariposa que llamé Patricia se me vuela y se va por un bolsillo del cielo. 
El de guardapolvo blanco salta en la arena, junta conchillas que 
crecerán en sus bolsillos. Lleno de ángeles, mira ahora desde el hombro de un médano.

El balbuceo de los sillones de mimbre. Nunca terminan de 
acomodarse sus astillas en el aire. 

Los dos versos finales de The happy child, de Cortázar: 
“oh niña que no ves moverse
las alas de una rosa negra”. 
Ni las abejas del aire ve la niña feliz. Pero cuando la rosa negra ya no esté, no dirá que se ha volado: buscará los pétalos en su cabeza de dicha, sus manos locas revolotearán el aire sobre su cabeza como alas de rosa negra.

Salí a caminar. El sol ya había abierto. Las rejas de las casas bajo el rocío, las celosías y las puertas cerradas eran vecinas con muy mal humor.

Silencio: pasa una mosca. Detrás un cortejo invisible, largo como un zumbido. Cómo no pensar en la muerte. O al menos en una carroza fúnebre rumbo a un entierro. El resto de las cosas de pie, 
de piedra, santiguándose.

Niña: ¿acaso no ves la mosca de la muerte en los pétalos de la rosa negra?

Como la que te amaba y te hablaba de siempres y siempre temía una despedida. Vos, que eras el hombre de su vida, y ahora no te dice ni hola.

Los amantes crecen en buhardillas y andenes, en los samovares del asfalto del verano, en los mateos de los bancos de las plazas, en las copas de los tapiales orinados por los perros, en azules de madrugada con tejados a dos aguas, en la lluvia que aún chorrean los árboles a los que nadie les avisó que ha parado de llover. En tantas otras partes crece la inesperada llama. Cada vez que alguien sueña el amor nace el mundo, echa a andar la primera hora. Adán y Eva andan desnudos, frágiles, eternos. El árbol de la sabiduría aún no sabe nada. 

domingo, marzo 08, 2009

Notas para un poema XXIV

Ahí vienen las excusas. Me invaden, me cercan. Me conminan a que las exhiba con la fuerza de un estandarte y no son más que un flácido sable amarillento. Ah, quién coserá mi boca en esta noche de renuncias. 

Crepúsculo. El mar de la tarde como mirado rojamente por la boca mal pintada de una prostituta. 

La bicicleta con alas de José Pedroni un día va a volar. 
Y empezarán a volar todas las bicicletas del mundo. El mundo, 
que según José, es una bicicleta también. El cielo será un velódromo -como quería José que todos los pueblos tuvieran-, y las bicicletas volarán acá y allá y más allá. Nada las podrá detener. 
Ni la guerra. Tampoco los negocios de los hombres por la paz podrán alcanzarlas.

Moby Dick mira el cielo de la tarde y el sol es un inmenso goterón que llora al mundo. Un ojo de ballena que se apaga en el mar del cielo de la tarde.

Las cartas que esperamos se encuentran en algún lugar. Han dejado de volar y habitan un buzón en el tiempo. El buzón es su nido.

Nunca comí naranjas más sabrosas como aquellas que olía cuando mi padre las pelaba después de la siesta. Tomaba su mate cocido 
en un jarro de aluminio con el escudo de la Marina. Hundía sus dientes en los gajos y todo el aire se perfumaba de naranjas. Caían gotitas en la mesa como si la mesa fuera tierra fértil y nos fuera a dar después un árbol de naranjas. Antes de volver a su trabajo, mi padre se calzaba el llavero en el cinturón y encendía medio cigarro. Las llaves tintineaban cuando él se iba y una voluta de humo se 
alargaba y se escapaba por la puerta. Las naranjas quedaban solas, colgadas bajo el techo de la casa. Se abrían paso entre el brillo de las llaves y el humo del cigarro. Como naranjas encendidas, andan por toda la casa las manos de mi padre.

sábado, febrero 28, 2009

Notas para un poema XXIII

Abro El cubilete de dados, de Max Jacob, en la página 146 y veo
el mosquito aplastado. Alas hacia arriba, patas hacia abajo, parece
estar volando. También parece un dibujo perfecto en el margen
izquierdo a mitad de página. Su aguijón señala la palabra Hablado.
El texto es En la cita de los conductores. Un pasaje:
“Reconocí mi sitio de los libros y papeles”.

El primer muerto que vi fue un ahogado que trasladaba una lancha
de prefectura por el río Lujan, en Tigre. Estaba hinchado y su piel
se había vuelto amarilla. Parecía una pequeña ballena blanca.
Una Moby Dick sin arpones clavados, sin sogas en el lomo. Su ojo
derecho pasaba mirando el último sol, la última tarde.

Cuando se nos cae la voz como en un estanque podrido.

Los cerdos colgados sobre el mostrador de la carnicería.
Cabezas hacia abajo, ya han goteado la última sangre.
Con su muerte pública cuelgan en su cadalso. Esperan su segunda
muerte: la de los dientes, la que imparte el hambre y el mercado.

Ser un álbum lleno de rostros. Doy pasos de página. Contesto en
silencio a voces que me circundan. Antes de acostarme, apago las
ropas, me quito los rostros, ahogo con mi nuca final las voces que
se desperezan en mi almohada.

Todavía gira la paloma de Picasso por el mundo.
Lo dijo Rafael Alberti.
Todavía gira la voz de Rafael Alberti por el mundo. Es como si la
hubiera pintado Picasso.

En París con aguacero te veré vestida de papel de caramelo caerán
serpentinas de carnaval con olor a adoquines de Buenos Aires un
marinero con sueño y codos viejos te prestará su gorra llena de
humo tendrás globos rojos por encima de las alas de los hombros
tendrás tejados muy serios en el vuelo de la falda una peluca
amarilla llorándote en los pechos una chimenea de chocolate en la
boca dos mejillas de manteca con besos de otra fiesta estarás
desnuda como un delfín recién nacido me dirás miau me dirás
cómo cambian las cosas los años y al ponerte las medias en un
taburete de piano se te volará una mariposa celeste de la vagina.

domingo, febrero 22, 2009

Encuentros en el Centro Cultural Marcelino Villar

Los viernes 6 y 13 de febrero concurrimos con Agustina y Marisa a los cafés literarios del Centro Cultural Marcelino Villar de Mar de Ajó. Fuimos de la mano de Mónica Bonifazio, embajadora de Cruzagramas en San Bernardo. Conocí a Mónica en estas vacaciones, y a Hugo, su pareja, y enseguida hicimos buenas migas. Compartimos hermosos momentos, charlas interminables parrillada de por medio. Son cosas maravillosas que de pronto te da la vida, internet y en este caso puntual: Cruzagramas. La posibilidad de conocer buena gente, personas con la que se logra una conexión instantánea y a las que querés de entrada por ideas, sentimientos, por gestos y mil detalles imposibles de enumerar.

Presenté Musas Extraviadas en esos dos encuentros. Leí parte del libro y oí los cuentos y poemas de los integrantes del taller literario que coordina el poeta Horacio Gómez.
Fui bien recibido y me hicieron sentir como de la casa. Disfruté también de las obras de pintores y escultores del lugar así como también del relato de la historia de Mar de Ajó con fotos de diferentes épocas.
Doné un ejemplar de Musas a la Biblioteca Stella Maris Saavedra y me fui empapando de las distintas actividades del Centro Cultural.
Las lecturas fueron muy amenas y dieron lugar a charlas muy divertidas e interesantes. Mónica leyó textos propios, de Sebastián Barrasa, alias el Zaiper, y míos. Agustina tomaba fotos a todos y a todo. Para ver más pinchen aquí, en Cruzagramas.
Los nombres de los participantes de los dos cafés literarios:
Lucía C. Benedetti, Beatriz Marcellán, Cecilia Cavadini, Alicia Erdelysrky, Sandra Pupillo, Roberto Ludwiniak, Hiracio Alonso, León, Vicentico y
Rubén Gómez.
Mi agradecimiento a todos ellos. Y mis saludos desde aquí junto con el deseo de que volvamos a vernos pronto.


domingo, febrero 15, 2009

Afirmaciones

Temprano llegué a la playa
y vi que alguien había escrito
con enormes letras en la arena: 

DIJO JESÚS
YO SOY EL CAMINO
LA VERDAD Y LA VIDA

Detrás y de fondo 
se veía y se oía el mar. 
Parecía decir:

-Yo soy el mar.




(Leído el viernes 13 de febrero de 2009 en la Centro Cultural Marcelino Villar, en Mar de Ajó, en el café literario del taller que coordina el poeta Horacio Gómez. A ese encuentro –que fueron dos- me llevó mi nueva amiga Mónica Bonifazio, que vive en San Bernardo y que conocí por medio de Cruzagramas. En el próximo post cuento con detalles y con fotos todo lo bueno que pasó en esos dos viernes de amistad, de intercambio, de cuentos y poesía.)


viernes, enero 30, 2009

Vacaciones..........

Amigas y amigos: 

Me voy por un par de semanas al mar. 

Los visito a la vuelta.

Saludos para todos!

Máximo.

jueves, enero 29, 2009

Notas para un poema XXII

La sensación de ser un proyecto que ha sido reemplazado por otro.

Con la mecedora del tiempo hacer leña y encender un fuego. 
A su vera, recitar el presente continuo como un poema de
Shakespeare. 

“La mejor manera de viajar es sentir”, dice Pessoa como Álvaro de 
Campos.
Atravesar las personalidades con nuestras valijas por llenar, liviano 
ante todo el espectáculo humano. El mundo es una gota extraviada 
de su lluvia. Todos somos una gota que se une a otras gotas.
Y viajamos una vez que sentimos segura la mano de nosotros 
mismos.

Voy a la voz de mi padre. En ella me instalo como en una pradera. 
Acabo de soñarlo. Yo corría a defenderlo del ataque de los Zulúes. 
Después el campamento era un hospital a cielo abierto y un médico 
puso en mis manos unas pinzas largas como las que utilizan los 
cirujanos. El médico me dijo que las tenga, que me servirían para 
repeler un nuevo ataque de los Zulúes. Mi padre estaba bien: un
raspón en la frente, y apenas una gota de sangre colgaba de su nariz. 
Salimos a una vereda. Mañana espléndida. De la nada, mi padre 
toma de un hombro a mi hermano Luis y se encaminan a un puesto 
de flores. Yo los veo irse y no puedo cruzar la calle. Siento un límite. 
Y me pregunto por qué mi padre no me eligió a mí para caminar 
rumbo al puesto. “Quiero que le lleves un ramo a tu madre”, le dice
a mi hermano, “para que sepa cuánto la quiero”.

Por las escaleras de Xul Solar, bajo y me pierdo. 
Si no encuentro el sueño, vuelvo a subirlas y a bajar, pero esta vez 
por una caracol. Casi siempre me duermo antes.
-¿Antes de qué?
-Antes de un final.
-Pero si no hay un final.
-Voy bajando. Bajar es un fin en sí mismo. Y el objetivo final es 
que yo pueda dormir.
-¿No es mejor arrellanarse en un descanso? Ya lo dice la palabra…
-Es que los descansos sirven para pensar cómo seguir y yo no 
quiero pensar a esa hora, sólo quiero…
-Claro, el señor se va a dormir y deja al mundo tal como está, 
sin importarle nada.

Me descubro ante usted (me quito el yunque de la cabeza) querida 
Calíope. Es un día encantador, ¿no lo cree usted? Pero veamos: 
qué contiene esa tablilla, a ver cómo suena esa trompeta. 
Cerraré los ojos. Haga usted de mi cabeza un jardín helénico, 
un barrio celestial. Quisiera posar mi cerebro en el primer día 
de La Creación.

viernes, enero 23, 2009

Notas para un poema XXI

Esperamos una carta como la cinta en el pelo de las alumnas de
una escuela. Moño al viento, cándido: ofrenda al sol, de un sol 
dibujado en los pizarrones. Carta bajando por una cascada de
montaña. Las frutas de estación acompasadas en las múltiples 
partituras del aire. Flores silvestres en la frase “aquí te envío”; 
canasta de dulces en “aquí no para de llover” y en “ayer fuimos al 
mar”.
Esperamos una carta que estampe su beso celeste sobre nuestra 
última cicatriz.

Sentar cabeza en los maravillosos círculos de A beneficio de 
Mr. Kite de Los Beatles. Vendrán los Henderson, y Henry, 
el caballo, bailará el vals.

En otra esquina, mi sombra estaba esperándome.
-¿Qué hacés aquí?, le pregunté.
-Nada, me dijo asombrada (las sombras se asombran de nada), 
sólo estaba esperando “una forma original”.

Observo al zorzal comiendo su espagueti de lombriz. Después 
vuelve a la cima de la medianera. Ahora sí, con la panza llena, 
es mucho más fácil observar el mundo.

El tiempo es una mecedora. Cuánto aplasta en su vaivén irreflexivo. 
Sus pies de tablas de esquí de caramelo olvidado al sol machacan 
las horas para servirlas desgranadas en el plato principal del olvido.

Y en una gota de agua se puede encontrar un ángel: ¡no la bebas! 
Puede ser la gota que rebalse el vaso, puede ser la mismísima sed 
con alas, pude ser la gota de sabia de un ser mitológico, puede ser 
la lágrima de un santo, puede ser la última vez que veas un ángel. 
Secarla con un pañuelo y arrojarlo hacia el cielo. Si el pañuelo 
baja es porque es un ángel. Los milagros existen.

Mi abuelo Luis tenía una metáfora en la tráquea. 
Los lugares comunes de la luz se quedaban en las puertas del más 
allá. Un minotauro dormía plácidamente en las entrañas de mi 
abuelo. Mi abuelo hablaba con una voz de más allá, una voz de 
minotauro entre dormido.

Me pareció verla en el tren. Estaba sentada del lado de la ventanilla 
y el paisaje le cabalgaba en la cara. Leía una revista de diseño. 
Pero no podía ser aquel maniquí que me encandiló desde la 
vidriera de la casa de ropas. Me fijé en el corte de su vestido,
si correspondía. No pude hallar una pista clara. Sus poses eran 
naturales y sólo alzaba los ojos para mirar su reloj y por la 
ventanilla. Antes de bajar se retocó los labios. Al guardar su espejo 
de mano, noté la pintura saltada en una de sus uñas. Como la 
cachadura que suelen lucir los viejos maniquíes. 

domingo, enero 18, 2009

Notas para un poema XX

(Leo Sentar cabeza, de Enrique Molina. Me reconozco en esa raza violeta, en esa raza verde, rico de todo cuanto me rodea. )

¿Y cuándo sentarás cabeza?
Y en qué lugar.
En qué silla cómoda he de sentar cabeza, y ante qué mesa de estarse quieto y en paz.

Siento cabeza como quien baila sobre espuma lila y despabila 
burbujas como sueños de princesa 
como quien canta en una trinchera una canción de cuna 
como quien seduce a un cachorro de tigre de bengala 
como quien saca a bailar a una estatua
a un busto patrio 
a una tumba.
 
Siento cabeza como los cubiletes al vomitar sus dados 
como las copas colgadas en un restorán 
como la olla que volteó el perro sin darse cuenta 
como la moneda que cae de canto sobre un zócalo y es espejo donde se peina la oruga 
como la tostada que cae de cara con su cara de mermelada contra el piso. 

Siento cabeza en el murmullo de los plátanos 
en las estrofas de los alambrados 
en el silencio de las escobas de las nubes
(si hay un unicornio entre ellas, siento cabeza en él) 
en las campanas lejanas de las iglesias que suenan como
sentencias fatales  
en el fragor de unas prendas colgadas a secar chorreando asuntos
y presencias. 
 
Siento cabeza en cualquier pie que no haga pie 
en la ronda de los niños de frentes transpiradas 
en los bastones de los viejos que arponean las baldosas  
en las cicatrices de parto 
en la renguera de un perro diciendo Sí con la cabeza y 
No con la cadera 
en la mirada del ciego que me mira como si me conociera
en las lenguas del mar en la orilla donde se espeja la mañana 
en la luz de un farol con su danza de insectos del verano. 

Siento cabeza como lloran los niños del último banco 
junto a Federico García Lorca: “pulso herido que ronda las cosas del otro lado”. 

Siento cabeza en los suspiros de larga distancia 
en las monedas que lucen los pescados colgados 
en las almejas boquiabiertas 
en los trenes que se desinflan al llegar a una estación 
en las sirenas de los bomberos
en los panaderos con los que hace malabares la brisa 
en los mascarones de proa siempre de mirada altiva  
en la sonrisa de los botones de las blusas 
en los pizarrones de las medianeras 
en los novenos pisos con macetas de azúcar donde puede haber alguien dispuesto a arrojarse
en el guiso humeante de los albañiles 
en las puertas de un prostíbulo 
en los pechos de las monjas 
en los ojos de las vacas
en los corazones tallados en los árboles que lloran fechas
y promesas 
en los barriletes de cola como trenzas 
en las pelotas que no bajan nunca 
en las carteleras con dibujos de una escuela 
en los toboganes de las plazas 
en una procesión de hormigas cuando parecen veleros con 
hojitas verdes sobre sus cabezas 
en un sacacorchos 
en un trompo
en una chimenea
en las puertas de los baños públicos aunque se anuncie un
sexo de violencia 
en las calesitas con música de Abba 
en septiembre 
en Marruecos 
en la niebla 
en un Monte de Venus 
en los trapecistas 
en las gaviotas que parecen colgadas de un techo y penden de hilos invisibles 
en un muerto en la calle 
en los plumeros raídos buscando aves en los estantes o en el
polvo que flota en el aire 
en los peinados que lucen los pinceles usados 
en los pinceles que usan ciertos peinados
en las barbas del choclo 
en los muñecos rotos con la mueca de alguien 
en los girasoles saludadores con manos de alumno de jardín de
infantes 
en cualquier acantilado con boleto de ida 
en cualquier sobremesa cualquier noche cualquier día.
 
Siento cabeza en un beso.

Siento cabeza en la luna.