Como
golpear
una puerta
de algodón:
es fácil
atravesarla
pero nadie
te oye.
miércoles, abril 23, 2008
miércoles, abril 16, 2008
sábado, abril 12, 2008
martes, abril 08, 2008
jueves, abril 03, 2008
jueves, marzo 27, 2008
el poema no vino
faltó sin aviso
hay apenas unas avispas
que fluyen por detrás de las orejas
por donde suelen oir las paredes
hay la bocina del tren
llegando a la estación
se cuela por el ventanal
se hamaca en los marcos
(mi perra toma agua
el último trago le chorrea de costado
y moja la alfombra)
el poema no va a venir
ya es tarde
guardo mis papeles
cierro la puertas
las ventanas
y por las dudas dejo abierta
la canilla del fondo
esa de la que nunca sale agua
faltó sin aviso
hay apenas unas avispas
que fluyen por detrás de las orejas
por donde suelen oir las paredes
hay la bocina del tren
llegando a la estación
se cuela por el ventanal
se hamaca en los marcos
(mi perra toma agua
el último trago le chorrea de costado
y moja la alfombra)
el poema no va a venir
ya es tarde
guardo mis papeles
cierro la puertas
las ventanas
y por las dudas dejo abierta
la canilla del fondo
esa de la que nunca sale agua
miércoles, marzo 19, 2008
Cartel
Sobre el segundo portón lateral
del supermercado y sostenido por dos
tubos de hierro, se alza un cartel chocado
y hundido hacia atrás, que dice:
NO AVANCE
del supermercado y sostenido por dos
tubos de hierro, se alza un cartel chocado
y hundido hacia atrás, que dice:
NO AVANCE
jueves, marzo 13, 2008
Pesebre (escena submarina)
En el fondo de la pecera,
sobre un camastro ladeado y postrero,
un niño Jesús pez mira con ojos de asombro
al señor de la escafandra
tumbado en un rincón oscuro.
sobre un camastro ladeado y postrero,
un niño Jesús pez mira con ojos de asombro
al señor de la escafandra
tumbado en un rincón oscuro.
jueves, marzo 06, 2008
Los dientes del perro
Los dientes del perro atropellado
en la calle crecen en el aire se elevan
como hojas de luz de un árbol seco flotan
hasta dar manos de muñeca que a su vez
sueltan capullos de algodón con formas de
nubes que semejan perros pero
en realidad son árboles que chocarán
entre si para que lluevan dientes que acabarán
burbujeando en la calle como perros muertos.
en la calle crecen en el aire se elevan
como hojas de luz de un árbol seco flotan
hasta dar manos de muñeca que a su vez
sueltan capullos de algodón con formas de
nubes que semejan perros pero
en realidad son árboles que chocarán
entre si para que lluevan dientes que acabarán
burbujeando en la calle como perros muertos.
viernes, febrero 29, 2008
Naufragios
naufragio
oleajes tuyos
estelas de tu pelo
cavándome
bichitos de tu voz en pequeñas soledades
que das al besarme
naufragio en las aguas de tu cuerpo
gaviotas de mis manos te recorren
buscan muelles puertos
en tu piel
tu vientre amado
respirás y se abre el mundo
sonreís y se hacen los maderos las balsas
y es orilla segura tu cuerpo
que ya anda por mis manos
que acaban de nacer
respiran
náufragas y recién tocadas por la luz
hablás y es otro el mundo yo puedo dibujar
en el aliento de tu
boca
nombrarte al morder tu lengua
ser
en los vaivenes de tus urgencias que son tan mías
dulce violencia que me abre alas
pezuñas de algodón
para sumarme a todo lo que es agua en vos
cuerpo mío
náufraga de mí
maga de mis días
y voy a florecer en tus playas junto
al primer rocío de la mañana.
oleajes tuyos
estelas de tu pelo
cavándome
bichitos de tu voz en pequeñas soledades
que das al besarme
naufragio en las aguas de tu cuerpo
gaviotas de mis manos te recorren
buscan muelles puertos
en tu piel
tu vientre amado
respirás y se abre el mundo
sonreís y se hacen los maderos las balsas
y es orilla segura tu cuerpo
que ya anda por mis manos
que acaban de nacer
respiran
náufragas y recién tocadas por la luz
hablás y es otro el mundo yo puedo dibujar
en el aliento de tu
boca
nombrarte al morder tu lengua
ser
en los vaivenes de tus urgencias que son tan mías
dulce violencia que me abre alas
pezuñas de algodón
para sumarme a todo lo que es agua en vos
cuerpo mío
náufraga de mí
maga de mis días
y voy a florecer en tus playas junto
al primer rocío de la mañana.
sábado, febrero 23, 2008
La lluvia en San Bernardo
A la madrugada pareciera clausurarse el verano
para violar de un solo golpe visceral los cerrojos
de la locura.
Las gotas encienden los primeros charcos
donde se reflejan las cicatrices espontáneas de los rayos
que ya trazan las primeras várices en el cielo.
Es lluvia declarada. Abierta. Soltada a dentelladas.
Se oye a unos muchachos cantar bajando hacia la playa.
No tienen donde dormir. Son los que se ven por la mañana
dormir de cara al sol tapados con las sábanas arrugadas
del mar.
Llueve como si todo el mundo hiciera el amor al mismo
tiempo. Como si lo hiciera contra los vidrios de las ventanas,
contra las puertas, en los balcones, subidos a guardillas,
a los taparrollos, trepados de las cortinas.
La lluvia entra por las narices, por los ojos, las manos,
entra en la tierra como sangre, coloca perlas en los pinos,
lágrimas en las estatuas.
La lluvia copula con el mar, y la arena en la playa se llena
de huellas de llanto. El mar y la lluvia copulan
y es como si se escuchara llover en otro idioma.
Llueve a leños rotos, a chispas secas, a fuego recién encendido.
Llueve como si mataran a alguien.
Los muchachos en la playa deben tener frío, ese frío que si fuera luz
bastaría para encender las alcantarillas de toda la ciudad. Se oye
un aullido: quizá le hayan despellejado el alma a alguien.
Acaso las almas de muchos “alguien” conformen esta lluvia,
esta ráfaga de ahora que se desliza por desagües de saxofones
y brilla como dientes de oro en las rejillas.
Ahora llueve más lento. Llueve como si un anciano recordara
otra lluvia.
Llueve el relato de otra lluvia.
Una lluvia lejana, casi inmóvil, que huele a curtiembres,
a humedad de maderos mohosos y nuez moscada. Una lluvia
con vahos de grasa caliente, de humo de hornos de barro, y humo
extinguiéndose de hojas secas quemadas en la calle.
Llueve como si anunciaran una carroza de primaveras,
como si fueran a desfilar comparsas de redenciones, una marcha
de almas pintadas de futuro que brillan como escamas violáceas
y cargan en sus caras la amarga pesadez de una mueca idiota.
Ahora llueve como si los motores de las nubes hubiesen
ya gastado sus poleas. Caen gotas a medio pintar pero todavía
es lluvia en las bisagras, en las rejas, en las telarañas,
en la medianera chorreada de hongos, en los muchachos dormidos,
casi muertos en la playa.
Llueve como si se desangrara un muerto.
Ya hay luz del día colándose y levanta las persianas con patadas
de paloma. Realza los charcos, dibuja la corriente de agua turbia
en los cordones.
Todavía la ciudad a las seis de la mañana está mal dibujada.
Y se levantan sonidos. El primero es de un auto que choca
contra el clamor del mar. El mar ahora suena como si tragara
muchachos sin haberlos masticado.
Pero apenas llueve en este instante. Es una gotita. Otra.
Es una canilla que no se ve.
Una gotita, y otra, como las últimas palabras de un anciano
antes de morir con el relato de otra lluvia –su vida- en la boca.
Un pájaro caza una lombriz. Un perro se despereza.
Las llaves del portero del edificio tintinean. Los pasos crecen
en el pasillo todavía en penumbras.
Parece que todo el mundo se levanta para salir a ver
si apagaron bien la lluvia.
para violar de un solo golpe visceral los cerrojos
de la locura.
Las gotas encienden los primeros charcos
donde se reflejan las cicatrices espontáneas de los rayos
que ya trazan las primeras várices en el cielo.
Es lluvia declarada. Abierta. Soltada a dentelladas.
Se oye a unos muchachos cantar bajando hacia la playa.
No tienen donde dormir. Son los que se ven por la mañana
dormir de cara al sol tapados con las sábanas arrugadas
del mar.
Llueve como si todo el mundo hiciera el amor al mismo
tiempo. Como si lo hiciera contra los vidrios de las ventanas,
contra las puertas, en los balcones, subidos a guardillas,
a los taparrollos, trepados de las cortinas.
La lluvia entra por las narices, por los ojos, las manos,
entra en la tierra como sangre, coloca perlas en los pinos,
lágrimas en las estatuas.
La lluvia copula con el mar, y la arena en la playa se llena
de huellas de llanto. El mar y la lluvia copulan
y es como si se escuchara llover en otro idioma.
Llueve a leños rotos, a chispas secas, a fuego recién encendido.
Llueve como si mataran a alguien.
Los muchachos en la playa deben tener frío, ese frío que si fuera luz
bastaría para encender las alcantarillas de toda la ciudad. Se oye
un aullido: quizá le hayan despellejado el alma a alguien.
Acaso las almas de muchos “alguien” conformen esta lluvia,
esta ráfaga de ahora que se desliza por desagües de saxofones
y brilla como dientes de oro en las rejillas.
Ahora llueve más lento. Llueve como si un anciano recordara
otra lluvia.
Llueve el relato de otra lluvia.
Una lluvia lejana, casi inmóvil, que huele a curtiembres,
a humedad de maderos mohosos y nuez moscada. Una lluvia
con vahos de grasa caliente, de humo de hornos de barro, y humo
extinguiéndose de hojas secas quemadas en la calle.
Llueve como si anunciaran una carroza de primaveras,
como si fueran a desfilar comparsas de redenciones, una marcha
de almas pintadas de futuro que brillan como escamas violáceas
y cargan en sus caras la amarga pesadez de una mueca idiota.
Ahora llueve como si los motores de las nubes hubiesen
ya gastado sus poleas. Caen gotas a medio pintar pero todavía
es lluvia en las bisagras, en las rejas, en las telarañas,
en la medianera chorreada de hongos, en los muchachos dormidos,
casi muertos en la playa.
Llueve como si se desangrara un muerto.
Ya hay luz del día colándose y levanta las persianas con patadas
de paloma. Realza los charcos, dibuja la corriente de agua turbia
en los cordones.
Todavía la ciudad a las seis de la mañana está mal dibujada.
Y se levantan sonidos. El primero es de un auto que choca
contra el clamor del mar. El mar ahora suena como si tragara
muchachos sin haberlos masticado.
Pero apenas llueve en este instante. Es una gotita. Otra.
Es una canilla que no se ve.
Una gotita, y otra, como las últimas palabras de un anciano
antes de morir con el relato de otra lluvia –su vida- en la boca.
Un pájaro caza una lombriz. Un perro se despereza.
Las llaves del portero del edificio tintinean. Los pasos crecen
en el pasillo todavía en penumbras.
Parece que todo el mundo se levanta para salir a ver
si apagaron bien la lluvia.
sábado, febrero 16, 2008
Mi block
Mi block de hojas lisas
tiene 28 agujeritos por donde pasa
un espiral plateado.
Dos agujeros más
en el margen izquierdo.
Una tapa.
Una contratapa.
Cuando tenga ganas de escribir
-mejor dicho: cuando se me ocurra algo-
sin duda lo haré en este block.
Me gusta.
80 hojas de 216x356 mm
de un blanco ominoso.
tiene 28 agujeritos por donde pasa
un espiral plateado.
Dos agujeros más
en el margen izquierdo.
Una tapa.
Una contratapa.
Cuando tenga ganas de escribir
-mejor dicho: cuando se me ocurra algo-
sin duda lo haré en este block.
Me gusta.
80 hojas de 216x356 mm
de un blanco ominoso.
domingo, enero 13, 2008
domingo, enero 06, 2008
Pescado
¡Fffiiiiissshhh!
El filete de pescado
se zambulle en la sartén
hasta dorarse.
Limón.
Acompaño el poema
con un buen vaso de vino.
El filete de pescado
se zambulle en la sartén
hasta dorarse.
Limón.
Acompaño el poema
con un buen vaso de vino.
domingo, diciembre 30, 2007
En la vidriera de la casa de ropa deportiva
El maniquí en la vidriera
no tiene cabeza
ni brazos
pero sus pies lucen
unas carísimas zapatillas blancas.
Gran metáfora.
Se dirá que las vidrieras
se inspiran en la vida real.
A los pies del maniquí,
en un rincón final -y sin precio-
yace una cucaracha patas para arriba.
no tiene cabeza
ni brazos
pero sus pies lucen
unas carísimas zapatillas blancas.
Gran metáfora.
Se dirá que las vidrieras
se inspiran en la vida real.
A los pies del maniquí,
en un rincón final -y sin precio-
yace una cucaracha patas para arriba.
domingo, diciembre 23, 2007
Situación
Por andar cansado
se me cayó el puntito
de la i de mi nombre.
Al juntarlo,
me dolió la espalda
más allá de la avenida,
hasta cerca de las vías
por donde ahora mismo
pasa un tren
lejano, lejano, lejano.
Estoy solo. Y lo peor:
me siento solo.
Salgo a la vereda,
arrojo un puñado de azúcar
y me siento a esperar
a que vengan las hormigas.
se me cayó el puntito
de la i de mi nombre.
Al juntarlo,
me dolió la espalda
más allá de la avenida,
hasta cerca de las vías
por donde ahora mismo
pasa un tren
lejano, lejano, lejano.
Estoy solo. Y lo peor:
me siento solo.
Salgo a la vereda,
arrojo un puñado de azúcar
y me siento a esperar
a que vengan las hormigas.
domingo, diciembre 16, 2007
El viajero
Hace tiempo que este poema andaba por el aire.
Recuerdo vagamente la vez que intenté atraparlo
y cómo se me escabulló de las manos
al trastabillar yo en un segundo verso enmarañado.
Después le perdí el rastro. Acaso un viento
se lo había llevado para andar otras regiones.
Pudo escribirlo otro. Incluso ser editado.
Sin embargo no tuve noticias de él hasta hoy:
me gusta pensar que otro viento me lo ha devuelto.
Lo he escrito, sí, pero el poema, en mi vaga memoria,
era otro.
Recuerdo vagamente la vez que intenté atraparlo
y cómo se me escabulló de las manos
al trastabillar yo en un segundo verso enmarañado.
Después le perdí el rastro. Acaso un viento
se lo había llevado para andar otras regiones.
Pudo escribirlo otro. Incluso ser editado.
Sin embargo no tuve noticias de él hasta hoy:
me gusta pensar que otro viento me lo ha devuelto.
Lo he escrito, sí, pero el poema, en mi vaga memoria,
era otro.
domingo, diciembre 02, 2007
La luna sin gatillo
Subiré al cielo
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez.
(Raúl González Tuñón. La luna con gatillo.)
Según la noticia
en un barrio de José C. Paz
detuvieron a dos policías ebrios
que le disparaban a la luna.
La luna, al parecer, resultó ilesa.
Ah, si hubiera estado González Tuñón
esa noche en la luna...
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez.
(Raúl González Tuñón. La luna con gatillo.)
Según la noticia
en un barrio de José C. Paz
detuvieron a dos policías ebrios
que le disparaban a la luna.
La luna, al parecer, resultó ilesa.
Ah, si hubiera estado González Tuñón
esa noche en la luna...
domingo, noviembre 25, 2007
En el espejo del baño
Termino de ducharme
y me miro en el espejo
empañado.
Me veo fuera de foco.
Limpio toda humedad
alrededor de mi cara
hasta que el contorno
se vea claro.
Al rato, la representación
empañada de mi cara
llora sin motivos,
sin ojos, lentamente.
y me miro en el espejo
empañado.
Me veo fuera de foco.
Limpio toda humedad
alrededor de mi cara
hasta que el contorno
se vea claro.
Al rato, la representación
empañada de mi cara
llora sin motivos,
sin ojos, lentamente.
domingo, noviembre 18, 2007
En la borra de café
Miro el fondo de la taza de café.
Escruto la borra.
Aquí un círculo blanco.
Allí un conjunto de pequeñas burbujas
que forman un anillo.
Al girar la taza
se descubren varios puntos oscuros.
Una lágrima, una C.
¿El futuro? Cómo no:
la taza tiene una rajadura oblicua
que va desde la base hasta el asa.
Escruto la borra.
Aquí un círculo blanco.
Allí un conjunto de pequeñas burbujas
que forman un anillo.
Al girar la taza
se descubren varios puntos oscuros.
Una lágrima, una C.
¿El futuro? Cómo no:
la taza tiene una rajadura oblicua
que va desde la base hasta el asa.
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